Por Catheryn Cárcamo Una colorida vivienda se sostiene con firmeza en uno de los precipicios del Cerro Cordillera en Valparaíso. Es una casa cubierta de vegetación y adornada con letras infantiles que dibujan versos llamando a la unión y al trabajo en conjunto. Es una isla, una selva en medio del acostumbrado paisaje del puerto. En sus afueras, un grupo de niños y jóvenes sostienen unos tarros de pintura. Están listos para salir, se preparan para "recuperar otro espacio público". Así le llaman ellos a sus salidas a terreno, juntos recorren las calles, se encuentran con los vecinos y les invitan a participar de la fiesta. Es la sede del "TAC", unas iniciales que a primera vista no dicen mucho, sin embargo esta palabra guarda bastante más que una simple combinación de conceptos. El "Taller de Acción Comunitaria" nació en Valparaíso hace catorce años y con una idea que para muchos parecía un sueño, lograron lo imposible: crear una nueva forma de movilización social. Tal vez resulta inapropiado hablar de movilización, pues de inmediato nuestras mentes evocan las imágenes de los años setenta, cuando el desarrollo se relacionaba estrechamente con una mayor agitación social y política. Eran tiempos de efervescencia, donde el principio de cualquier cambio se encontraba en la participación. Ahora el escenario es otro, nuevos estilos de vida se instalaron en Chile, todo lo importante dejó de ocurrir en la calle y en la junta de vecinos, estos "lugares comunes" desaparecieron hasta ser desplazados por el consumo privado de bienes, y por un mapa de interacciones sociales que anulan y marginan todo aquello que quede fuera de la lógica del mercado. Frente a esto, comienzan a tomar fuerza unos aires renovados, son esas pequeñas organizaciones que buscan rescatar la comunión perdida e intentan regresar al encuentro con quienes se comparte un mismo entorno. Ejemplo de ello lo conforma "TAC", la organización ha logrado crear en el Cerro Cordillera de Valparaíso, una gran red social donde participan otras instituciones como colegios, juntas de vecinos, recintos hospitalarios y varios jardines infantiles. Tal como señala el monitor Cristián Amarales, más conocido como El Chía, el trabajo "se focaliza principalmente en la recuperación de los espacios públicos que parecían perdidos. Son importantes porque es lo que todos tenemos en común, es nuestro lugar de encuentro, ahí no importa la religión, el status económico ni la edad". De esta forma, cada semana, grupos de niños y estudiantes de educación superior, se desplazan a esos lugares abandonados por donde constantemente transita la comunidad. Los "intervienen" hasta convertirlos en plazas, juegos infantiles o bien, pintan murales donde exponen a sus vecinos lo aprendido en sus reuniones. Los adultos tampoco se quedan fuera de las actividades emprendidas por el "TAC", tal como señala El Chía, hay vecinos que se vinculan fuertemente con la institución, "están todo el día acá, hasta cocinan para nosotros y nos traen almuerzo". Asimismo, el monitor está consciente de la existencia de personas que no cooperan directamente con el trabajo comunitario, a pesar de esto, el joven se muestra optimista porque "participan igual. Por el simple hecho de utilizar una plaza o venir los juegos ya son parte de esto, pues sienten propio un entorno que todos compartimos por igual". Los nuevos ciudadanos Desde sus comienzos el "TAC" fijó su interés en los colegios, por esta razón realiza un fuerte trabajo destinado a la creación de talleres para niños. En esta instancia, cerca de 70 guías les educan sobre la importancia de conservar una mejor relación con el medio ambiente y el entorno vecinal. De esta manera cada semana acuden hasta la sede de la organización, más de 700 niños que aprenden a participar activamente de una ciudad que luce hermosa gracias a sus propios esfuerzos. Se les hace entender que es posible ser parte de un lugar que antes les parecía distante y no les identificaba, por eso como señala Amarales "preferimos enfocar nuestro trabajo en sectores pequeños y destinar nuestra labor a los niños, no nos interesa crear una ideología ni nada por el estilo, preferimos comenzar por lo que tenemos mas a mano". Asimismo gracias a estos talleres, las nacientes generaciones tienen conocimiento de que con un trabajo responsable y comprometido es posible la autogestión de ideas y proyectos, "se dan cuenta de la posibilidad de crear nuevas cosas sin necesidad de ser beneficiarios ni dependientes de un sistema superior" señala Amarales. Claro ejemplo de esto lo representa el propio "TAC", la organización ha logrado perdurar y crecer en estos 14 años sin ningún tipo de financiamiento superior, sino que su existencia se debe casi por completo, al compromiso y contribución de los propios voluntarios, muchos de los cuales "se unen a nosotros desde que son pequeños, después se transforman en monitores y finalmente cuando son profesionales continúan involucrados con la organización" señala Patricia Castillo, directora y fundadora de "TAC". Ese es el caso de El Chía, cuando por primera vez ingresó a la institución "era uno más de esos niños estigmatizados del cerro, pero ahora es totalmente diferente, ha crecido junto con nosotros, se transformó en monitor y entrega a los demás esos mismos elementos que alguna vez se le enseñaron acá". La gran red Uno de los elementos que para "TAC" resulta imprescindible de transmitir a la comunidad, es la importancia de realizar un trabajo en conjunto o bajo una "red social". Es decir, se invita a participar de esta 'nueva ciudadanía' a otros organismos protagonistas de la vida local, como por ejemplo universidades, consultorios y colegios. De esta forma estudiantes y profesionales se unen al diseño de planes que transformarán el espíritu del vecindario. Según Amarales la importancia de enseñar a los más jóvenes la necesidad de emprender trabajos en asociación con otras instituciones radica en la posibilidad "de que cada uno entregue sus propias capacidades y a la vez aprenda de las habilidades de los demás". Mientras tanto, ahí están, listos para agregar a su "huerto educativo", biblioteca y "anfiteatro" -construido en lo que antes fue una quebrada- un nuevo mural. Discuten sobre la frase que estamparán en él, algunos proponen "Sube a nacer conmigo hermano" y otros votan por "Mira niñita", ¿la razón? "Es que también queremos homenajear al 'gato' Alquinta", señala uno de los menores.
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