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Dos razones para sonreír en La Moneda


El previsible desenlace de las liturgias de los partidos más confrontados de la Concertación estabilizó sus condiciones internas para emprender las tareas del gobierno. La nueva agenda de modernización del Estado dispone ahora de aliados igual de fríos, pero más seguros.


Por: Y.Lewin/A.V.Peña
Fuente: PrimeraLínea

Las conclusiones de los cónclaves partidarios en la DC y el PPD despejaron positivamente para La Moneda algunas de las incógnitas políticas de su segundo tiempo. La ratificación del concertacionismo DC y la legitimación –con apertura- del liderazgo de la actual directiva del PPD marcaron el primer paso hacia la superación del inmovilismo oficialista y consolidaron el giro del Presidente Lagos hacia un gobierno más vinculado a su coalición.

 

El desenlace de las liturgias de los partidos más confrontados de la Concertación tuvo pocos elementos de sorpresa y, en cambio, estabilizó la situación interna de los partidos para emprender las tareas de su gobierno.

 

Por un lado, la cúpula DC aplastó a su disidencia, pero sobre la base de las credenciales concertacionistas que le brindó el primer mandatario al timonel falangista Adolfo Zaldívar y a cambio de su compromiso con la agenda oficial. Por el flanco del progresismo del arco iris, la directiva del PPD consolidó su liderazgo integrando a sus detractores y profundizando una autocrítica que hasta antes de su Consejo Nacional se consideraba insuficiente.

 

La nueva agenda de modernización del Estado –instrumento estratégico del gobierno para sortear los escándalos de corrupción- dispone ahora de aliados igual de fríos, pero más seguros. Si bien su debut arrancó de un pacto de gobernabilidad con la UDI, el reordenamiento interno de los partidos oficialistas potencia la marcha legislativa de los planes de Lagos.

 

Al menos eso recogían ayer las cuentas del comité político de La Moneda. “Zaldívar pasó la aplanadora, pero cumpliendo sus compromisos con el Presidente y sin arriesgarse a insinuar caminos propios”, sostuvo una alta fuente oficial. A su turno, el PPD “fue al fondo de sus problemas y respetó acuerdos adquiridos con el gobierno en orden a renovar su comisión política y moderar su postura frente a la DC”, indicó la misma fuente.

 

Ahora está claro cuánto calzan los dirigentes de la Concertación y nadie duda de sus voluntades aliancistas. Incluso la beligerancia entre el PPD y la DC pasó de la tregua al armisticio, al menos antes de llegar al punto crítico de la negociación municipal.

 

Los cónclaves del fin de semana partieron con una tensión abierta en la negociación municipal de la Concertación y es justamente en ese ámbito donde se registraron los mayores costos de la estabilización de la alianza este fin de semana.

 

Después de una de las reuniones entre Zaldívar y el Presidente Lagos, el PS optó por suspender drásticamente el diálogo municipal ante lo que consideraron un exceso en las aspiraciones de sus socios DC: la flecha roja demanda el 60% de la plantilla. Y si antes de la Junta eso ya era complicado, después de los amplios poderes que obtuvo el líder DC la situación se vuelve preocupante.

 

De colorín a pelirrojo

 

Zaldívar fue condescendiente con sus aliados de la coalición, con el gobierno y con el Presidente, pero el voto que se aprobó al término del encuentro constituyó el dato más relevante para leer el nuevo escenario en que se moverá la DC.

 

Al momento de redactar el pronunciamiento político del encuentro, el colorín no transó una nonada de lo que había anunciado. Concentró poder interno, reafirmó la línea que él ha diseñado para el partido y propinó una dura derrota a la disidencia.

 

Este año Zaldívar no salió del Diego Portales ovacionado por los asistentes ni alzado en vilo por sus camaradas. Pero cerró su Junta aperado de un grueso y efectivo blindaje para profundizar la rectificación partidaria emprendida hace un año, concurrir a la refundación de la Concertación, entenderse con el gobierno y negociar una plantilla municipal que le garantice a la flecha roja su mejor opción por un éxito rotundo el 2004. Zaldívar ahora está facultado por el máximo órgano de decisión del partido para golpear la mesa –e incluso abandonarla- si lo estima necesario.

 

Si La Moneda recibe bien el mensaje –y todo parece indicar que fue capaz de anticiparlo-, tendrá que acostumbrarse a negociar con el colorín sus principales iniciativas y hasta hacerse cargo de sus sensibilidades al momento de cambiar piezas en el tablero.

 

Hora de equilibrios

 

Desde antes de la Junta se sabía que lo que realmente inquieta a La Moneda no es la fuerza de Zaldívar, sino el necesario contrapeso en el PS y PPD para equilibrar tanto las relaciones internas de la Concertación, como su propia interlocución con esa alianza.

 

Junto con propiciar la instalación de José Miguel Insulza a la cabeza del PS, Lagos requiere de un líder igualmente potente en el PPD. Nunca ha visto con buenos ojos la conducción de Guido Girardi, pero si bien el escenario ideal hubiera sido un acuerdo manifiesto para adelantar las elecciones en ese partido, se contenta con la apertura de la mesa y la posible revisión de su mandato en el Congreso Programático acordado para mayo.

 

A Girardi le fue bien en su Consejo, principalmente porque supo sortear desde arriba las dificultades de su gestión. No requirió presiones para desplegar un discurso de disciplina hacia La Moneda y se sometió voluntariamente a compartir su directiva con opositores.

 

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Lunes 27 de Enero de 2003
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