El diccionario de la Real Academia Española define la palabra chacolí como "un vino ligero y agrio que se produce en el País Vasco y en Chile". Ese es el nombre con que se bautizó a la nueva tendencia interna surgida en el último tiempo en la DC; es decir, a los chascones que se pasaron a las filas colorinas. Justamente, los mismos que le permitieron a Adolfo Zaldívar aprobar su voto político con 68 preferencias más que las obtenidas el año pasado cuando se hizo de la dirección partidaria. Lo más doloroso para los disidentes –especialmente para los chascones- no fue la derrota que les propinó el colorín al dejar en evidencia su escasa presencia en la actual estructura partidaria. Lo peor fue experimentar en carne viva la implacable actitud de los conversos. Porque fueron ellos los que no dieron el pase a ninguna concesión que a lo mejor la mesa –en nombre de la tan preciada fraternidad demócratacristiana- hubiese estado dispuesta a hacer. Como un atento centinela, Juan Claudio Reyes se encargó de vigilar de cerca el voto que redactaba Rafael Moreno junto a los presidentes regionales. Incluso cuando el preciado papel entraba y salía de la sala de plenarios para recibir los últimos toques de Zaldívar y Mulet. Si Zaldívar quería demostrar fuerza le bastaba incluir las facultades especiales que necesitaba y la confirmación de la ruta en la que ha puesto a la DC. Para los chacolíes no era suficiente, ellos querían sangre. "Desde hace 20 días que intentan negociar el voto y no va a haber licuación. La consigna es avanzar sin transar", comentaba tajante Reyes a media tarde. Y así fue. El dictamen sancionado por la asamblea incluyó duras palabras para referirse a los camaradas que se habían apartado de la línea trazada por el timonel. El impacto descolocó a los disidentes. No había plan B, y lamer sus heridas en la cena en El Parrón no fue suficiente terapia para permitirles elaborar de inmediato una estrategia común para levantar cabeza. No en vano, el escenario interno se ve complejo y los disidentes no constituyen un grupo homogéneo. Los incondicionales al colorín no sólo se dieron el gusto de pasarle factura al grupo de los 8 que salió en defensa de la reforma de Salud del Ejecutivo, al de los 10 que criticó la polémica entrevista del colorín y a los senadores falangistas que suscribieron la declaración de los 15, aquella que lanzó dardos al modelo económico. De paso dotaron al presidente partidario de facultades extraordinarias para sancionar con dureza cualquier atisbo o intento de apartarse de los acuerdos que la directiva adopte en el futuro. Algunos disidentes creen que lo obtenido por Zaldívar es un cheque a fecha sin fondos mientras no ratifique su posición en las internas territoriales que debieran concretarse en abril o mayo. Argumentan que los delegados que le ampliaron las facultades extraordinarias en esta Junta son los mismos que lo pusieron en la testera de la tienda, porque no ha habido aún elecciones en la flecha roja. Pero Zaldívar se agenció además una reforma estatutaria que le facilitará las cosas al momento de renovar la estructura intermedia. Detalle no menor y que bien podría acrecentar el contingente de aquellos camaradas para los cuales Adolfo, más que un cheque, es un bono en alza. Es cierto, los delegados eran los mismos, pero fueron muchos más los que se cobijaron bajo la sombra colorina este año. El signo más claro estuvo en el discurso de Eduardo Frei en que respaldó a la directiva en su proceso de fortalecimiento de la identidad partidaria. Y no es una casualidad que lo haya pronunciado justo a la hora en que Rafael Moreno emprendía la redacción del voto. Dato significativo además, según sostiene un comensal de El Parrón, porque todos los presidenciables falangistas quedaron del otro lado, salvo Soledad Alvear, la mejor evaluada por la opinión pública en lo que a figura de esas filas se refiere. Cheque o bono, el capital obtenido por Zaldívar tiene fecha de vencimiento en las municipales del 2004, cuando el colorín deberá demostrar con cifras en la mano que su hasta ahora eficiente administración del poder dio los frutos esperados. En tanto, disminuidos o no –comenta un disidente-, siempre habrá en la DC algunos que prefieran los vinos gruesos y agradables al paladar.
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