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Detrás del sol: la vendetta carioca


Ojo por ojo y diente por diente. Las familias brasileñas de esta película no por nada tienen patriarcas ciegos los unos y sin dientes los otros. Buena premisa, buen guión y demasiada luz en una película que abusa de los recursos que le gustan a los puristas. Suficientes trucos para un videoclip de Peter Gabriel incluso.


Por: Carlos Salazar S.
Fuente: PrimeraLínea

Detrás del sol (“Abril Despedaçado”)

Brasil/ Francia 2001

105 minutos

Con: José Dumont, Rodrigo Santoro, Rita Assemany, Ravi Ramos Lacerda, Luís Carlos Vasconcelos, Flavia Marco Antonio, Everaldo Pontes, Caio Junqueira, Mariana Loureiro.

Música: Ed Cortês, Antonio Pinto, Beto Villares

Guión: Karim Ainouz, Sérgio Machado y Walter Salles, sobre la novela de Ismaïl Kadaré

Dirección: Walter Salles

Todo espectador

 

El laureado y respetable director carioca Walter Salles nos envuelve con otra adaptación que podría conmover mucho más si no fuera tan higiénicamente impecable. Da la impresión de que los personajes que viven Detrás del sol en la película homónima, visten la pobreza como un traje que se esconde a la salida de los créditos. ¿Pero esa fantasía no es la que esconde toda película? Si. Sin embargo parece una historia echa más para gustar afuera en los festivales de cine y en el sempiterno Oscar que representar un guión adaptado.

 

La historia se entiende y es todo lo encantadora que se pueda. Los personajes tienen ese acento campechano que oímos alguna vez en la verde teleserie Pantanal. Acá no hay tanto verde ni fauno. Es sólo una pradera seca que dos familias vecinas que se la pelean a muerte. Con cadáveres y vendetas generacionales dignas de una purga política.

 

Miramax se encarga de distribuir Detrás del sol y todas estas películas tan “pintorescas” para el europeo y gringo promedio. Después del exitazo de Estación central, la notoriedad del director (gracias a su nominación el 99, el año de Almodóvar) su segunda gran incursión debía internacionalizarse de todas maneras.

 

La conexión Salles

 

El mundo infantil y la mirada centrada en la falencia parece ser un lugar común de la filmografía de Salles. Como la de un director de encargos de la UNICEF. Lo que en Estación central era el abandono material y familiar, acá se corporiza en el discurso llevadero de Niño. Precisamente un niño sin nombre que vive con su familia en una desolada y poco inspiradora finca de la ruralidad más calurosa del Brasil de comienzos de siglo. Niño –posteriormente llamado Pacu- será el hilo conductor de la trama.

 

La familia Ferreira y la familia Breve están enfrascados en una lucha ancestral por el honor. Por la necesidad de validar para sí unas tierras que sólo producen dolor y una par de cañas de azúcar. Los primeros son los poderosos, los que cuentan con más hectáreas y un mejor pasar que los Breves. Condenados éstos a girar eternamente con un molino de piedra y un par de bueyes para producir unos cuantos kilos de matera prima. Lo único que los saca de la miseria anímica es la constante deuda de sangre que cobran cada cierto tiempo.

 

Cuando el hijo mayor de la familia agredida cobra venganza en el responsable de la muerte del primogénito, la otra familia le debe devolver el gesto en una permanente secuencia de duelos y lutos que la película ahorra y trata con cierta presteza. La única tregua que se respeta –y se ignora como toda tregua- es la que dura en secar la sangre de la camisa del difunto. Una vez que la sangre derramada deja de ser roja el tiempo de la muerte se inicia otra vez.

 

Hay que decirlo, Detrás del sol peca más por la forma que por el fondo. No es mala ni insta a rasgar vestiduras o correr a conseguirse el libro “Abril despedazado” en que se basa. Está bellamente filmada y precisamente por ahí va la vaguedad de su valor. Tiene unos aciertos de fotografía que son mérito exclusivo de Walter Carvalho (A la izquierda del padre y la anterior obra de salles) y que se agradecen. Sin embargo tiñen de un efecticismo ingrato a una película que debió verse aún más miserable que un set de televisión. Porque si nos plantamos en un desierto luminoso y caluroso, no queremos encandilarnos más con los interiores o las escenas de noche que parecen sacadas del sambódromo.

 

Hay un intento de romance que si bien llega al área chica, se sabe desde un comienzo que como partido de fútbol está arreglado. La relación que se teje entre Tonio, el hijo mayor de los Breves y la divina Clara, una gitanilla circense y tragafuego, se anticipa en el final como se anticipa en que va a terminar el relato de Pacu.

 

La premisa es buena y el detalle del ojo por ojo y el diente por diente que personaliza a los jefes de familia, es un recurso que se valora. Igual que las duscursivas lecciones de realismo mágico que lee el niño a la sombra de nada. La película se hace recomendable, se hace corta y puede que a la Academia le guste, pero Detrás del sol es una brazada que nos aleja del Salles que esperabamos con devoción.

 

Lo bueno: Como siempre. Decir que la chica que desvela a los dos hermanos está más guapa que la morena de Portoseguro, es reconocer que se pasa las tardes junto a Mekano.

 

Lo malo: A no despreciar la trama. Que es un sentido homenaje a uno de los mejores capítulos de Los Picapiedras. Ese donde Pedro acababa y comenzaba una lucha campesina gracias a su inmensa bocota.

 

Lo feo: El final es una nueva versión del dèja vu de siempre.



Domingo 26 de Enero de 2003
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