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Todo por mi hijo... y su título


Completas fortunas han apostado algunos padres por la carrera deportiva de sus hijos. Más de cien millones puso de su bolsillo Sergio Pizarro por el placer de ver en primer nivel del mountainbike a sus retoños. Waldo Miranda le dio el palo al gato: le construyó una laguna a sus hijos por “sólo” 30 millones y Felipe le respondió con un título mundial.


Por: José Miguel Jaque
Fuente: PrimeraLínea

Son papás amantes del deporte, capaces de vaciar sus alcancías para que sus hijos lo practiquen y, ojalá, lleguen lejos. Y cuando se acaba la plata, se comen el orgullo y salen a golpear puertas.

 

"Yo perdí una casa y la mitad de mi empresa", dice Sergio Pizarro bajando la voz y con un tono pausado. Su caso no tiene que ver con deudas ni con apuestas, sino con el sueño de ver a su hija Bernardita en la cima mundial del mountainbike.

 

Sergio Pizarro

Pizarro es también el padre de Claudia y Francisco, y los tres fueron campeones panamericanos en el ciclismo de montaña que empezaron en el deporte incentivados por él. Nunca se le pasó por la mente que sus hijos se desarrollaran en los estudios o en otras artes. Siempre quiso verlos arriba de la bicicleta, entrenando, compitiendo, ganando... y los alentó para eso. Aunque el costo tuviera que salir de su propio bolsillo.

 

Al igual que Pizarro, Waldo Miranda tuvo buen ojo para avizorar el futuro deportivo de sus hijos. Felipe es el último campeón mundial que tiene Chile: hace tres semanas conquistó el título del esquí náutico. Ese mismo buen ojo lo hizo comprar un terreno en Nos, cerca de San Bernardo, y hacer una laguna para que sus hijos practicaran el deporte.

 

En el Mundial, Felipe “jugó de local” en “Los Morros”, nombre del predio donde le construyeron la laguna a un costo de 30 millones de pesos con cargo al papá. Con el lago en el patio de su casa, Miranda contrató al entrenador argentino Larry Gisler, que pasó a ser como de la familia, y les dio a sus hijos dedicación exclusiva para practicar deportes. Incluso los puso en un colegio especial para cumplir ese objetivo.

 

“Si tengo que dejar de ir a un restorán para tener la plata para que mis hijos entrenen, lo voy a hacer perfectamente”, afirma sin exagerar.

 

Pedalear hasta que duela

 

Pizarro practicaba el deporte que le pusieran al frente. Una vez estuvo cinco horas perdido mar adentro porque lo pilló un temporal mientras hacía windsurf en Concón, hasta que lo encontraron cerca de Higuerillas. “Me amarré a la tabla y así me salvé”, recuerda.

 

Fue en ese momento cuando su esposa le prohibió los riesgos y le dijo "o los niños o tú". "Y como a mí me gustan las cosas bien hechas, dije ‘bueno, seguimos con ellos’. Ahí tomé el mountainbike y me siguieron la Claudia y Francisco. A esas alturas, la Bernardita era muy chica y miraba cómo sus hermanos se convertían en campeones panamericanos y lo único que quería era seguirles los pasos", cuenta Pizarro.

 

De los tres hermanos, Bernardita es la que ha llegado más lejos. Empezó en el triatlón muy chica y un día la invitaron a correr en MTB. Se entusiasmó y ganó una medalla en junior altiro. Tenía doce años y le quedaban cinco en esa categoría.

 

Bernardita Pizarro

"La Bernardita debe ser un caso inédito, porque fue campeona panamericana en triatlón y mountainbike al mismo tiempo. No sé si algún deportista en Chile lo habrá hecho. Al año siguiente, abandonó el triatlón porque quedó alucinada con este cuento de tirarse cerro abajo”, dice su padre acerca de la especialidad de la Berni, el descenso.

 

Al año siguiente salió vicecampeona panamericana y no volvió a bajarse nunca de lo más alto del podio. Cinco años compitiendo, cinco años sacando medallas.

 

Pizarro cuenta que la hija mayor, Claudia, era muy estudiosa y en la familia daban por hecho que tendrían una médico. Pero su afición por el deporte la llevó de la noche a la mañana a estudiar educación física, lo que provocó “un ataque familiar. Pero a mí no me importó. Si quería eso, perfecto”.

 

Al final, el resultado fue mejor. Ahora Claudia es la entrenadora de su hermana menor y "es la que ha dado mejores resultados. Curiosamente le tiene más respeto a su hermana que a sus entrenadores anteriores. La Claudia no es una aparecida. Fue campeona igual que ella y estuvo entre las diez mejores del mundo. Han funcionado perfecto”, cuenta el padre.

 

Pizarro dice que la carrera deportiva de sus hijos le ha costado más de cien millones de pesos. En el plano profesional, el constructor civil perdió más de la mitad de su empresa de ese rubro. "Todo se achicó a la mitad”. No está arrepentido, y aunque en su familia se lo critican, y mucho, los hijos se lo agradecen, así es que al final suelta otra frase del mismo tono: "Me da lo mismo. Me tendré que ir al cajón con cien millones menos, no más".

 

En momento de vacas gordas, tuvo a sus tres hijos viviendo en Estados Unidos, en un centro de alto rendimiento y compitiendo con lo mejor del mundo. También construyó una piscina y habilitó un gimnasio en su casa en Malloco, para que Bernardita pudiera entrenar en su hogar. "Me gasté una fortuna. En la historia de Chile no va a haber nadie que pueda gastar esa plata”.

 

Pero este año no tuvo los recursos para apoyar a sus hijos y tuvo que salir a tocar puertas. “Felizmente resultó, porque le Berni ha tenido apoyo por primera vez en diez años". Dice que fue a Chiledeportes y logró "sacar del escritorio" a una persona para que fuera a ver a la Berni a un Panamericano.

 

Claudia dejó el MTB por una lesión y el costo de tener la plata justa lo pagó Francisco. "Él era tan bueno como la Bernardita, pero estaba rompiendo una bicicleta cada tres meses. Cada una cuesta tres millones y medio de pesos, entonces no pude seguir con él. Fue un poco traumático, pero lo entendió. Él era un corredor de quince millones al año -que los aportaba yo- y en ese momento no tenía cómo”. Pensó en tramitar la doble nacionalidad suiza para sus hijos, pero después desistió: "yo puedo aperrar como chileno hasta el final".

 

Casi como una obsesión, dice que quiere ver a Bernardita campeona del mundo porque en ciclismo nunca un latinoamericano ha ganado un título mundial. “Si no lo es, no va a ser por falta de empeño, porque ella ha hecho lo máximo que está a su alcance. Este año estuvo cerca de ser la campeona, pero la afectó el sino de los chilenos. La atropellaron cuatro meses antes de la competencia, pero igual aperró. Por esfuerzo no se queda".

 

Esquiando en el patio

 

Waldo Miranda es un fanático del fútbol. Nunca esquió en su juventud, pero desde que sus hijos se metieron en el agua, los incentivó ante las evidentes condiciones de sus hijos. “Siempre me gustó que hicieran deporte. La idea fue suya, ellos me impulsaron a apoyarlos”, dice.

 

Waldo Miranda

Felipe empezó muy chico y, a los ojos de su padre, tenía mucho talento. “Hace muchos años dije este niño va a ser campeón del mundo y voy a esforzarme todo lo que pueda para que lo sea”.

 

Tiempo atrás lo trataron de loco, “era una tontera lo que estaba haciendo”, le dijeron. Pero sacó a los niños del colegio para meterlos en uno especial para deportistas. “Y ahora, mal que mal, Francisco, que es el mayor, está en cuarto año de Ingeniería Comercial. Estudia, entrena y trabaja. Y a lo mejor en el esquí van a tener el mismo éxito que tuve yo como empresario”, cuenta el dueño de la fábrica de cecinas San Pablo.

 

Dice que las cosas se fueron dando de a poco y que tuvo suerte. Cómo no, si encontró un sitio en Nos que estaba totalmente botado y nadie lo quería comprar. Inició la aventura con una buena oferta al entonces Banco del Estado, sin demasiadas expectativas de éxito. Después, un amigo que tenía máquinas retroexcavadoras le hizo un buen precio. Cavó una laguna artificial de 680 metros de largo y 85 de ancho, con una profundidad máxima de dos metros. Le costó 30 millones de pesos.

 

“Si ahora yo quisiera hacer ese lago, no podría. Actualmente el sitio de 12 hectáreas, vale una UF el metro cuadrado sin agua. Son 12 mil UF en total. Son cosas que a uno se le dan en la vida y hay que saberlas aprovechar”.

 

Hizo “Los Morros” y sus hijos se comprometieron con él para ser unos grandes deportistas. Y lo consiguieron. Las medallas les sobran.

 

Está conciente de que sin su aporte sus hijos jamás habrían alcanzado sus logros. Asegura que primero están las condiciones, las ganas, no sólo de él como padre sino también de sus hijos. “Entrenar todo los días, desde las ocho de la mañana, oscuro, con frío. Si veo que tienen ganas, los ayudo”.

 

Felipe Miranda

El esquí es un deporte caro: lancha, instructor, bencina, lago. Una lancha vale cerca de 30 mil dólares (21 millones de pesos). “En la parte económica he puesto, por lo menos, el 50 por ciento en la carrera de mis hijos”. Dice que no es tan ordenado para saber cuánto ha gastado, pero en la actualidad pone mensualmente un millón de pesos en la carrera deportiva de sus cuatro hijos: “No deja de ser, pero no queda otra”, dice. “Afortunadamente, hasta el momento, lo he podido hacer”.

 

Agradece la ayuda del Instituto Nacional de Deporte para que sus hijos entrenen y participen en competencias en el extranjero. Los cuatro son deportistas top y parte del Programa de Deportistas de Alto Rendimiento, PRODDAR, cuyo aporte aumentó con el título a Felipe. “No es mucha plata, no es para vivir, pero es un incentivo”. Eso sí, “primero llegó la medalla, después la plata”, dice con ironía. En todos los deportes es así, dice Miranda, quien tuvo un breve paso como vicepresidente del COCH hace un par de años, la que considera “la peor experiencia que he tenido en mi vida”. Por eso, prefiere hacer las cosas por su cuenta, porque “el deporte en Chile está muy mal manejado”.

 

Sin embargo, está convencido que la plata está en un segundo plano porque más importante en el éxito de un deportista es que sus padres estén de lleno detrás de él.

 

No le resta méritos al título de Felipe por ser en casa. Asegura que afuera habría sido mucho más fácil, porque acá tenía la presión de todo el mundo. “Los logros más importantes los ha obtenido afuera: ganó el US Open en Estados Unidos, salió segundo en el Master Junior también allá. Pero esto era algo muy especial, claro que de local conocía bien el agua, pero la presión era muy grande. Tenía el desafío de responder a un papá, a una familia, al país, porque siempre dijimos que iba a ser campeón del mundo. Pero lo hizo… ganó recién en el último salto”.

 

Mi papi es mío

 

La influencia de los padres detrás de los deportistas puede pasar un tanto inadvertida, como en los casos anteriores. Pero siempre es importante tener ese respaldo, cuando la plata, los títulos y la exposición pública escasean.

 

Fernando González padre representa los intereses de “Mano de Piedra” y su relación es cercana desde los tiempos en que su hijo no lograba mejorar su ranking y era criticado por la irregularidad de su juego.

 

En el caso de los deportistas más experimentados, el tema no varía. Carlo de Gavardo siempre viaja con su padre, Giorgio. “Sé lo importante que es la compañía de él. Es un eslabón muy fuerte”, reconoce el raidista.

 

El tres veces campeón mundial de lightning, Alberto González, se inició en la navegación a vela por su padre. Según explica, en los comienzos el papá fue “el sponsor, mentor y gurú. Es que la vela parte por la familia”.

 

Esta unión se puede ver también en ocasiones fuera de las canchas. Jorge Ríos Jarvis fue capaz de vestir el mismo pintoresco terno albo que el “Chino” en el matrimonio de Marcelo. Todo por su hijo.



Lunes 27 de Enero de 2003
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