Por Héctor Mendoza La lluvia y el barro los tomó por sorpresa. El cuarto interior de madera se colmaba de agua y barro, amenazando arrebatarles las pocas cosas que tenían en su humilde morada. Fue una de las crudas lluvias de este último invierno que damnificó a muchas familias en Chile. A esas que dibujan la brecha que persiste en la distribución del ingreso, esa que según admite la ministra Cecilia Pérez, de Mideplan, "se ha mantenido inalterable en estos años".  Fotografía: Ricardo González | Marcos Céspedes, el jefe de hogar, reaccionó rápido y comenzó a sacar el alud que le destruía su hogar. Estuvieron todo el día protegiendo su pieza de madera junto a Eliana Jorquera, su esposa, y mandaron a sus dos hijos a la casa delantera, de la madre de Marcos. “Eran cerca de las 11 de la noche cuando recibimos ayuda municipal y ese fue el primer contacto que tuvimos con la gente de la asistencia social que luego nos informó sobre el proyecto Chile Solidario y nos integró para salir de nuestra pobreza”, señala. Contigo pan y cebolla La primera vez que se vieron fue en Pudahuel. Marcos (35 años) se enamoró de Eliana (29 años) y sin pensarlo dos veces le propuso matrimonio. Con la pasión juvenil se arrojaron a los brazos de cupido y sólo pensaron en vivir del amor. Eliana aceptó de inmediato y ya llevan más de 10 años de vida matrimonial. “No teníamos 'pega' ninguno de los dos, pero igual nos casamos por amor”, recuerda Marcos. Luego de contraer nupcias se fueron a vivir a la casa de la mamá de Marcos en la población San Gregorio, de la Granja, ya que no tenían dónde instalar su 'nido'. “Aquí, con nuestras propias manos nos construimos una pieza de madera en el patio de la casa de mi suegra”, agrega Eliana. Son diez años de vivir en la indigencia. Con dos hijos pequeños que educar, vestir y alimentar -uno de ocho y la otra de diez- han sufrido los vaivenes de la pobreza. “Muchas veces pensamos en separarnos”, responden al unísono. En estos años de matrimonio vivieron innumerables crisis por no tener cómo solventar su casa. No tenían dinero para pagar las cuentas del agua, la luz ni el gas. Marcos agrega, “nos casamos sin tener pega segura y con el tiempo las cosas se fueron tensionando porque a mí no me daba como para estar con ella, como para llevar un matrimonio. Así que llegamos a un acuerdo de separarnos porque ya no podíamos hacer nada, no se nos daban los medios. Aparte no tengo estudios y no hallaba qué hacer”. Sin embargo, las cosas han cambiado y la vida por estos días les sonríe. Son parte del proyecto Chile Solidario implementado por el Mideplan (Ministerio de Planificación y Cooperación), el que busca erradicar la pobreza de Chile para el 2005. La prioridad de este ministerio, y lo señaló también el Presidente Ricardo Lagos en su discurso del 21 de Mayo, es poner fin a la indigencia en Chile.  Fotografía: Ricardo González | La extrema pobreza alcanza a 225 mil familias. En estos últimos ocho meses el plan ha beneficiado a 44 mil familias. El sistema se ha implementado en 322 municipios, ntregando acompañamiento personalizado a través de 2 mil “apoyos familiares”, es decir, asistencia de profesionales que visitan a estas familias y las orientan para solucionar sus necesidades. Se están pagando 20 mil bonos de protección decreciente y se firmaron convenios con 25 instituciones públicas y privadas. Entre los resultados obtenidos hasta ahora, 302 familias reinsertaron a sus hijos en el sistema educacional, 309 familias lograron que sus niños mayores de 12 años aprendieran a leer y a escribir y 706 los vacunaron por primera vez. Además, 204 familias consiguieron empleo, 585 ingresaron al sistema de salud y 625 consiguieron agua no contaminada para sus viviendas. Todo ello luego de un proceso de instalación gradual del sistema, donde cada familia decide voluntariamente sus metas para salir de la extrema pobreza. Ayuda caída del cielo Marcos y Eliana nos abrieron las puertas de su cuarto interior para contarnos su experiencia y su opinión de este proyecto. Se sientan juntos en su sillón rojo y no paran de alabar esta ayuda que les calló del cielo. A Marcos siempre se le hizo difícil conseguir trabajo estable. Nunca lo contrataron en ninguna parte y siempre trabajó en empleos esporádicos como “peoneta” en Sindelen y en la Coca-Cola, nos relata. “Antes que viniera Chile Solidario estabamos muy mal, yo no tenía trabajo, estabamos endeudados y, con este proyecto, me puse a trabajar. Me compré un horno y aprendí a sacar cuentas, incluso estamos postulando a una casa”. Van a recibir el bono de 10 mil 500 pesos durante 6 meses, que luego irá disminuyendo. Estas platas le duran por 2 años solamente, pero les enseñaron a administrar sus dineros. Marcos relata sonriente que asistió a un curso de 15 días donde le enseñaron a calcular los gastos y ver la ganancia, además de enseñarle cómo se tenía que vender el producto, incluyendo la manera de vestirse. “Nos perfeccionamos. Hicimos un proyecto de comida rápida en mi curso. Hacíamos pizza y “dobladitas”. Ahí me hicieron el curso de administración y aprendí a sacar cuentas, cuánto tenía que gastar para sacar ganancias, etc. Si tengo diez 'lucas' ya sé cuánto tengo que gastar y me hago una idea de cuánto voy a sacar de ganancia”. Eliana hizo un curso de peluquería y a eso también le está echando mano. Puso su peluquería en la casa de adelante, donde su suegra, y le va bastante bien. “Me siento realizada como mujer”. El bono les sirvió para comprarse un horno, donde hacen pan, empanadas y las venden el fin de semana. Ahora en las vacaciones no gastan ese aporte y lo están juntando para postular en marzo a su casa, en Paine, como nos cuenta ilusionada Eliana. “Hasta ahora dormimos hacinados en la misma pieza con nuestros dos hijos y es incómodo porque los niños ya comprenden más cosas y están más pendientes. Es por eso que queremos una vivienda más digna y estamos postulando a eso, es nuestro sueño”.  Fotografía: Ricardo González | Sueñan con llegar a tener su microempresa, donde estén todos sus familiares “para así darles “pega” a todos” y ya cuentan con algunos elementos. Marcos se compró hace poco una máquina para hacer cuchuflí y otra selladora de plástico para venderlos herméticamente. Están ilusionados con depender de ese trabajo y le dedican mucho amor y originalidad. “Los hacemos de una forma novedosa, los bañamos en chocolate y le echamos coco rayado, nadie lo hace así en Chile”, aseguran. “Eso sí, necesitamos el permiso del Sesma para poder venderlo a empresas más grandes porque ahora solamente le vendemos a los locales chicos ya que los grandes no se arriesgan a comprarnos”. Dicen estar trabajando en conseguir los permisos correspondientes del Sesma para poder comercializar a gran escala. Ya conversaron con el Intendente de la Región Metropolitana, Marcelo Trivelli, quien los va a poner en contacto para que tengan su permiso. Ahora les falta ponerse un nombre, sin embargo, Marcos nos dice riendo que cree que le va a poner El Rey del Cuchuflí. Ya no piensan en separarse, solo planifican seguir unidos para superar la pobreza y alcanzar la tan escurridiza felicidad. “Mejoramos la convivencia y estamos más desahogados. Ahora hacemos planes y conversamos más”.
|