Alexis Venegas no es un desconocido para los amantes de la bohemia santiaguina. Sin embargo, sus canciones, hasta hoy, sólo habían quedado entre los acérrimos fanáticos de una botella de vino, una buena conversación y aquella música que da rienda suelta al pensamiento. Pues bien, esos tabúes van quedando atrás con ciertas experiencias individuales. Así, el músico acaba de lanzar a todas las disquerías, y para los amantes de la canción de autor, su producción llamada Cierto Día, Cierta Noche. Más que claro que a la trova le cuesta mucho entrar a los circuitos comerciales. Lo mismo sucede con la música que involucra temáticas que pueden raspar el orgullo de algún poderoso. Por eso ni Serrat, ni Silvio, ni Francisco Villa son grandes vendedores de discos. La promoción cuesta, y sobre todo cuando hace pensar. Pese a lo anterior, todavía existen los que se aventuran en lanzar algún trabajo con sello de la vieja y querida trova. Cierto Día, Cierta Noche es una apuesta que apunta a ello. El disco de Alexis Venegas, si bien no está cargado de material político, como sí lo está Porfía de Francisco Villa, es un trabajo íntimo y soñador que cumple con una de las características básicas de la trova: el amor por una conjunción entre guitarra y voz. La canción homónima al nombre del álbum es la que lo abre. Se trata de una canción de amor donde se nota el buen registro del cantante. Su timbre es similar al de Pablo Herrera pero con más voz. Sin embargo, y sólo por ese enfermizo afán comparador de casi todo el que está en el rubro periodístico, su trabajo se acerca más al trabajo de un Pedro Guerra. Luego viene el hit La Niña María. Es el clásico precisamente de varias niñeces, matizado por cuerdas y percusiones rumbeadas. Él que lo vio en algún pub (como ese que queda en Antupirén) habrá aplaudido con ese “alza la mano que te quiero ver bailar, que te quiero ver bailar”. Ahora nos saltamos a una canción realmente sobrecogedora. Amarte me ha hecho daño tiene la marca estructural de Te conozco, de Silvio Rodríguez. Entiéndase bien, lo que digo es que evoca, quizá en los paseos de la guitarra, a ese tremendo tema del cubano. La letra está marcada por versos como /Amarte me ha hecho daño/ me ha desorientado/ me ha confundido/ me ha equivocado/ me ha destruido la piel/. Mérito a un tema con tres partes donde realmente la melodía se roba todo pronóstico. Además, se acompaña, como en otras composiciones de los coros de Magdalena Matthey. Las letras, casi todas de su pertenencia salvo Se va de mi (de Mariela Gonzalez), son románticas pero no fáciles. El trovador le canta a lo cotidiano de manera simple, y esa simpleza es rica en textos de historias con poesía. La prolijidad de la producción está directamente marcada por el trabajo en coproducción con ese baterista que toca donde lo pongan: el tremendo Tilo Gonzalez. Aquí, y perdonen mi expresión, no se trata de ser cornetero, pero a veces debemos valorar a los grandes antes que se vayan y el que lleva las baquetas en Congreso definitivamente lo es. Volvamos al disco de este muchacho que ganó dos festivales con nombres de próceres, Violeta Parra y Víctor Jara. “En te fuiste negra”, se acerca un poco a lo que es el folclor latinoamericano, pasos de los que también se aleja en baladas, unas de mejor calidad que otras. Otro gran momento del disco, donde lo íntimo y acústico del canto y cuerdas conmueven es en Cuando te hayas ido. Los catorce temas tienen momentos mejores que otros. Todos se conjugan en un disco que definitivamente se traduce en un aporte al género de la trova tan subvalorado por ciertos criterios comerciales. Esperamos que el sello MACHI, aunque sea como en este caso, es decir, relanzando y promocionando discos ya hechos, sigan en el camino del trabajo de la música nacional, que realmente resulta un oasis bien nutrido de acordes entre desiertos colmados de eso que ya sabemos.
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