El Sangrador está ambientada en la Antofagasta del 1800, cuando esta ciudad aún pertenecía a Bolivia, y cuenta la historia de Apolonio Mancuso, un flebótomo de la época -algo así como un dentista artesanal-, que se ve desplazado de su oficio cuando llegan dos dentistas profesionales desde Lima. Debido a esto, deberá perfeccionar su labor para lo cual decide inventar el primer taladro dental de la zona, siguiendo unos apuntes del odontólogo norteamericano John Greenwood. Pero el invento, lejos de atraer a sus antiguos clientes, los hará huir por la apariencia demoníaca de la máquina. En medio de esto, Mancuso se verá involucrado en un levantamiento militar que le traerá extrañas y fatídicas consecuencias.  | Esa es más o menos la línea central de la novela, que se arma, como ya lo dijimos, con los elementos justos y necesarios. Y nada sobra y nada falta. No hay diálogos excesivos, no hay pirotecnia grandilocuente que haga crecer en exceso una historia que nace acotada y llega a su fin, en la precisión de una escritura pulcra, cuidada, austera en su forma mas no en su contenido. Hay un cuidadoso trabajo de curva narrativa; tensión y distensión son manejados con asombrosa eficiencia. Una historia simple se convierte así en una gran historia. Pero no en una extensa historia, sino en una relato que revisa varios años de la vida de Mancuso, en pocos instantes. En los precisos, en aquellos en que el protagonista va entregando o recibiendo los elementos que configuran una vida que ya ha gastado varios de sus cartuchos, y que pareciera encaminarse hacia el letargo, ese mismo que sume las tardes del norte. Pero no, la vida le depara a Mancuso varios sobresaltos, que entregan elementos de afectos, de complicidades, de inventivas, de busquedas que no deberian darse y que igual se dan. El libro emparienta directamente al personaje con el autor. Son dos reflejos. Son dos que están construyendo algo con los recursos mínimos. Son que recurren a elementos ya desgastados o que parecieran no prestar utilidad (viejos alambres y maderas en el caso de Mancuso e historias y formas de vidas olvidadas por parte de Jara). Ambos también tienen la particularidad de ir construyendo algo eternamente. El personaje su máquina y sus años de vida, junto a seres que no conocía, con los que no intima mucho y a los que muestra una gran fidelidad o amor. El autor va construyendo un relato que es capaz de ser fiel a sí mismo, y a una estructura ordenada, lineal y que cuando utiliza elementos como cartas y anotaciones, o presentaciones de momentos anteriores lo hace con la justeza que todo el libro evidencia. Texto escogido Una vez que Apolonio la puso al tanto de todo lo ocurrido desde su última visita, Lucila le contó que después de la muerte de los hermanos Trigo ella había estado varias semanas escondida al interior de Antofagasta, esquivando, primero, a las cuadrillas de reconocimiento que el general Quintín Quevedo mandó a las canteras para neutralizar cualquier foco de resistencia a su revolución, y, semanas después, a las enviadas por Samuel Cavieres a cumplir exactamente la misma labor a nombre del gobierno. Y debió pasar bastante más tiempo para que la Gata se decidiera a recomponer sus negocios; sin embargo, el trabajo hasta ese momento no le había resultado fácil por la gran cantidad de militares que custodiaban todos los accesos a las canteras y caletas del departamento. - Los milicos, el bando que sean, nunca dejan de ser milicos. Usted debe saberlo, Apolonio –reclamaba, Lucila, hurgándose aparatosamente debajo del poncho-. Pero de todas maneras le traje esto –le dijo, extendiéndole una bolsa de papel. Mancuso tomó el cambucho como si se tratara de un paquete con explosivos y lo abrió poco a poco, hasta que afloraron las primeras raíces de mandrágora, pero Lucila, indiferente a la sonrisa melancólica que se dibujó en el rostro del flebótomo, ya se había fijado en sus manos irritadas. El autor Patricio Jara, 28 años, casado. Es periodista de la Universidad José Santos Ossa, Antofagasta. Obtuvo el Premio Consejo Nacional del Libro 2002 por esta novela, finalista del concurso de cuentos de revista Paula y Premio de Novela Breve Pedro de Oña. Otros libros: Última ronda, Ave Satani y Derivas. Actualmente es coordinador del programa de Literatura de la Universidad José Santos Ossa.
|