Según recientes cifras entregadas por el Banco Central, la economía chilena habría crecido un 1,9% durante 2002, cifra que representa la expansión más débil del último trienio. Hacienda, en una mirada más próxima, sugiere que la tendencia declinante habría llegado a su fin. En efecto, hacia el último trimestre de 2002 la economía chilena comenzó a presentar los primeros síntomas de una inflexión en el crecimiento, con la evolución de numerosos indicadores apuntando en tal sentido. Las exportaciones no sólo aumentaron en volumen sino que también en valor, experimentando un alza nominal de 8,2% con respecto al último trimestre de 2001, la mayor en 9 trimestres; por su parte, las importaciones también aumentaron, tras 6 trimestres de caída, en un 5% nominal; las colocaciones de consumo aceleraron su crecimiento a través del año, y durante octubre y noviembre alcanzaron tasas de crecimiento reales del 10% en promedio; las ventas de automóviles continuaron mostrando un alto dinamismo, creciendo a tasas por sobre el 20% durante el último trimestre; y las ventas de viviendas continuaron con su expansión, creciendo en promedio un 30% en octubre y noviembre del año 2002. A nivel más agregado, durante el cuarto trimestre el producto habría crecido en torno al 2,5%, el mayor de los últimos cinco trimestres. Aún más, el crecimiento anualizado entre el cuarto y tercer trimestre de 2002 se habría situado en torno a 4%, si bien esta cifra debe ser interpretada con cautela por la inestabilidad que todavía presentan los datos desestacionalizados. Eyzaguirre consideró que a diferencia de lo ocurrido en 2001 y a la primera parte de 2002, hacia el último trimestre de 2002 fue la demanda interna la que lideró el crecimiento, superando las expectativas que se tenían hacia mediados del mismo año. En contraste, la demanda externa y la producción de cobre, que no depende de la demanda interna, estuvieron por debajo de lo esperado. Demanda interna y tasas de interés El comportamiento de la demanda interna fue principalmente explicada por la acción de la política monetaria, dadas las significativas rebajas de tasas de interés que se materializaron a lo largo del año y los rezagos con que actúa el impulso monetario. Durante el cuarto trimestre de 2002 se observó un mayor dinamismo en variables altamente sensibles a los movimientos de las tasas de interés, como las colocaciones de consumo, las venta de automóviles y las de viviendas. La política fiscal en tanto, contribuyó a sostener la demanda interna durante todo el 2002 —virtud contracíclica—, pero no explica el comportamiento más reciente de la misma. De hecho, el gasto fiscal desaceleró hacia el segundo semestre del año anterior. El sector transable de la economía fue apoyado por la rebaja de tasas de interés y la elevación del tipo de cambio real. No obstante, el muy débil desempeño de los socios comerciales limitó la expansión de las exportaciones. Se destaca que durante el bienio 2001–2002, mientras el mundo creció un 2,5%, los socios comerciales crecieron tan sólo un 1%, la mitad del promedio alcanzado en los 80s y 90s. Esto se reflejó en un marcado descenso de las exportaciones no tradicionales. En particular, entre octubre de 2001 y septiembre de 2002 las exportaciones no tradicionales cayeron en un 6,9%, cifra que se moligera a un descenso de sólo 2,4% si se excluyen los envíos hacia Argentina y Brasil. Proyecciones Hacia el 2003, las proyecciones centrales apuntan a que el crecimiento mundial sería mayor que el alcanzado en 2002, aunque todavía permanecería por debajo de la media del período de mayor dinamismo ocurrido entre los años 1994 y 2000. Esta situación sería más perceptible en el caso de la expansión de los socios comerciales, dada la recuperación que se espera en el crecimiento tanto de Argentina como de Brasil. En particular, los pronósticos para Latinoamérica apuntan a una expansión de entre un 2% y un 3%, luego de la caída experimentada en 2002, la primera tras casi 20 años de crecimiento sostenido. Cabe señalar que el reciente acuerdo logrado entre Argentina y el FMI, después de un año de intensas negociaciones, constituye una señal positiva que ayuda a consolidar el escenario esperado de recuperación para la nación trasandina y la región. Con todo, si bien las perspectivas son auspiciosas existen incertidumbres y riesgos a nivel mundial. La amenaza de guerra contra Irak está provocando un alza en el precio del petróleo, el cual ha sobrepasado los US$ 30 en los últimos días, aumentando US$ 5 en sólo un mes. Este precio se ha visto presionado al mismo tiempo por el paro generalizado de Venezuela, el cual ha afectado la producción de petróleo de ese país (tercer productor de este combustible del mundo). Los efectos sobre la economía mundial dependerán de la duración de la actual tensión. Los futuros de petróleo WTI señalan que el precio retrocedería hacia fines del 2003 a US$ 25, lo que sugiere que el mercado otorga una alta probabilidad a una distensión o un desenlace rápido de un eventual conflicto. Por otra parte, la mejoría regional no está libre de riesgos y dependerá crucialmente de la resolución de los problemas políticos y económicos en Argentina, y del éxito que obtenga el Gobierno brasilero en la consolidación de las cuentas fiscales y en el control de la inflación. El escenario externo que se proyecta para 2003 debiera traducirse en una ampliación de los mercados, a la que ayudará los acuerdos comerciales recientemente firmados, con una consiguiente aceleración de los volúmenes de exportaciones y una suave recuperación del precio de los productos de exportación. En cualquier caso, la evolución prevista para el sector transable ha sido ajustada a la baja, en relación al escenario descrito en la ley de presupuestos, por cuanto los productores domésticos de cobre han informado nuevos planes de producción más restringidos. Dicha corrección ha llevado a ajustar el crecimiento esperado para 2003 en el orden de medio punto porcentual. En materia interna, el control de la inflación hace previsible la continuación de niveles de liquidez estimulativos. Al mismo tiempo, la política fiscal continuará con su rol contracíclico. Esto debiera permitir una mayor consolidación de la recuperación más reciente del gasto. En cualquier caso, el eventual deterioro del escenario externo podría comprometer esta tendencia por un posible efecto sobre las expectativas. En suma, durante el 2003 el crecimiento se reacelerará, si bien no logrará todavía los niveles posibilitados por la ampliación de la capacidad productiva; con la información disponible a la fecha se prevé que la economía se expanda en torno a ± 3,5%, con un crecimiento mayor si el mundo evoluciona mejor de lo esperado, y algo más acotado si los riesgos antes mencionados se materializan. En el plano legislativo, el Gobierno desplegará todos sus esfuerzos en la aprobación de la Agenda Pro Crecimiento y en el impulso de nuevas iniciativas que se estimen necesarias para consolidar el crecimiento a mediano plazo e instrumentales para la mejoría de las expectativas en el horizonte más corto.
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