Historias fogosas de aviones y aeropuertos. Cuerpos que se encuentran y se sorprenden en las estrechas butacas que los transportan sobre el cielo, figuras que lejos de su país se descubren por fin en un trasbordo de avión luego de años de lejana proximidad... Viena- Santiago Así le ocurrió a Andrés. Llevaba un año vagando por Europa y el retorno se le hacía indispensable ahora que tenía las arcas vacías. Mientras miraba Viena por última vez pensaba en el calor que asola Santiago en enero y en lo ingrato que sería buscar trabajo justo cuando todos están de vacaciones. Al menos el asiento del lado iba desocupado y ese es un punto a favor cuando se pasarán 21 horas y 55 minutos en una humilde butaca de clase turista. Eso pensaba antes de retornar de su pequeña incursión al baño y encontrarse de sopetón con una mochila negra donde antes no había nada. Un poco contrariado ocupó su lugar y no pudo dejar de sorprenderse cuando una chica rubia que no aparentaba más de veinte años le sonrió antes de sentarse. Era perfecta. Sus rasgos germánicos se endulzaban con su pulcro español y con sus movimientos sueltos, casi caribeños. En cosa de segundos sus ojos quedaron absortos en ese pequeño y profundo ombligo que se le escapaba debajo del sweater. Estaba embelesado. No antes de una hora sus dedos rozaron la mano de ella y como no encontraron ninguna resistencia él no tardó en hacerla suya y seguir avanzando en la medida que los otros pasajeros caían en las manos de Morfeo. Cuando el sueño era perfecto él le tomó cuidadosamente la cara a la chica y la beso. Sin detenerse llegó con urgencia a sus senos y se apropio del ombligo. Pero sólo se detuvo allí un instante. Sin pedirle permiso, le desabrochó los pantalones y la comenzó a masturbar. La chica se apresuró también y se apropio con habilidad de su pene. Todo iba muy rápido y ella se esforzaba por no gemir mientras el rostro de él ardía en un nuevo y singular deseo. El nuevo día los sorprendió desguañangados y semi desnudos, cubiertos apenas con una frazada que en algún fugaz instante de recato arrojaron sobre sus cuerpos. Fue el principio de una historia. En las seis horas que les restaban sobre las nubes ella resolvió no seguir viaje a Argentina y quedarse en Chile para alimentar el ardor de su cuerpo, aunque sólo fuera un tiempo. París-Madrid-Santiago Una falla mecánica dejó a los pasajeros del boing que partió de París rezagados en Madrid. Con un mal humor evidente él recoge su maleta y enfila sus pasos hacía el hotel donde la línea aérea le reservó una habitación. En ese trayecto se mezcla con los pasajeros que venían a Santiago y tiene que pestañear dos veces para confirmar que era ella. Se conocen hace por lo menos quince años y en ese lapso él ha sobrevivido a medias a tres fracasos matrimoniales que le han partido el alma en cinco hijos que hoy tiene repartidos entre Chile y Europa. Ella, en cambio, nunca se casó. Y ahí está con su piel blanca y su cuerpo esbelto, su vientre liso y su vestido Laura Ashley. Siempre lo quiso y nunca estuvo disponible. Ahora tampoco lo está, pero esta vez no le importo. Fue como mirarse por primera vez. Del café del aeropuerto a la habitación del hotel no tardaron nada y entre lenguas revoltosas y caricias certeras resolvieron no separarse más. No importaba el caos que los removería cuando llegaran a Chile... La magia de los cielos transfigura los cuerpos y quienes han tenido un polvo sobre los diez mil pies de altura nunca lo han podido olvidar.
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