No es necesario que uno, hombre o mujer, mande el curso de un encuentro sexual -ojalá las disputas de poder quedaran fuera del dormitorio- a no ser que se use como estrategia de seducción y allí el control es de lo más excitante (o sino pregúntele a algún diputado o ministro, en off por su puesto). En esta parte entran a batallar escenas como desnudo(a) con las manos amarradas a la cama (u otro mueble) a merced del amante. Lo ideal es que sea una guía compartida con el propósito de mejorar la performance de ambos en la búsqueda de lo que más le guste a cada uno en función la pareja. No es un mito que uno de los mayores afrodisíacos es ver o sentir que la pareja está excitada y siente placer. Para “guiarse” mutuamente hay que considerar las diferencias en las formas de excitación de hombres y mujeres. Como es sabido, aunque no siempre muy asimilado, la estimulación en el “macho” es más fácil o más rápida que en la hembra, razón por la cual las curvas de excitación de ambos son distintas. ¿Por qué?, se preguntará usted. Resulta que los hombres tienen sus órganos sexuales y de mayor sensibilidad afuera, y por lo tanto, es fácil rozarlos y se activan rápidamente. Las mujeres, en cambio, tienen su órganos sexuales y sensoriales en el interior, por no decir escondidos y requieren una estimulación muy focalizada. En la vulva, con movimientos circulares que van de adentro hacia afuera, que pueden ser hechos con los dedos, la boca, por medio de presión, o con el mismo pene antes de penetrar, y no un frotamiento sistemático que al final puede doler. Otra diferencia, no menor, es que en los hombres es más fácil tener un orgasmo, porque se conoce muy bien (durante algunos años de su vida practica mucho la masturbación) y sabe lo que necesita para lograrlo. Mientras las mujeres muchas veces no conocen las zonas de estimulación de su cuerpo (aún hoy la masturbación femenina es un mito y ellas la practican con mucha menor frecuencia que en los hombres). Es necesario que cada mujer se apropie de lo que necesita para tener un orgasmo, y eso se da a través de la exploración del propio cuerpo. No hay que esperar a que el otro mágicamente lo descubra. Así, el real aporte a la satisfacción sexual es que cada uno hable de lo que le gusta y lo que no en función de conocerse y facilitar el placer. Por ejemplo, es mejor que en medio de la faena amatoria una mujer tome la mano de su pareja y la guíe hacia donde siente más placer, ayudándolo a alcanzar el ritmo que requiere o le gusta. También puede usar frases delicadas del tipo “me gusta eso que estás haciendo” o “me encantó cuando hiciste esto o lo otro”. Esta actitud es más simple, rápida y efectiva que esperar a que el hombre descubra solo lo que le agrada a su pareja, aunque no implica que él no deba asumir sesiones de carácter meramente exploratorio. Eso también es rico. Los hombres pueden hacer lo propio para mejorar sus orgasmos, no siempre lo mejor es lo que produce la excitación rápido, aunque sepamos exactamente cómo lograrlo. También pueden guiar a su pareja en el momento que quieran disminuir la intensidad para dar más tiempo a la excitación de ella.
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