Las fantasías eróticas no son ni buenas ni malas, ni adecuadas ni vergonzosas, sino una memoria sensorial que alimenta el universo fantástico de manera natural, aunque en ocasiones choque con la conciencia o moral propia o de la sociedad. La imaginación es detonante del deseo sexual que no es otra cosa que una mezcla donde cuerpo y mente se retroalimentan sin descanso y donde fantasías sexuales suelen estar en la cima del termómetro de la estimulación. Para entender la función de la imaginación debemos saber que si bien el deseo sexual es una expresión muy íntima de nuestra condición animal, también es una refinada emoción vinculada a la satisfacción de los sentidos y al placer que se espera obtener, o sea la expectativa de ... Por lo tanto, las fantasías, conscientes o incoscientes, son su sustento porque despiertan, alimentan y orientan lo que el cuerpo y la mente saciarán en el acto sexual. El erotismo es la sensualidad sugerida y velada a un tiempo, una experiencia excitante que como el deseo se nutre de ese cabalgar entre la promesa y el rechazo, la consecución y la espera. Los sentidos abren de par en par las puertas del cuerpo al reino del placer. La excitación sexual viene a ser una respuesta de activación fisiológica que provoca el deseo en el que también interviene una proyección subjetiva de placer. La estimulación generada por el cuerpo, la imaginación o la combinación de ambos, da lugar a dos niveles de excitación que resulta difícil de diferenciar. Mientras la excitación puramente fisiológica abarca todas las sensaciones físicas como la erección del pene o de los pezones femeninos. La excitación psicológica incluye fantasías, pensamientos e imágenes eróticas. Para que se produzca una respuesta sexual, el cerebro tiene que integrar los mensajes procedentes de la imaginación con las señales que transmite el cuerpo a través del sistema nervioso. En consecuencia, en la actividad del sexo que es física y mental darán los mejores resultados los estímulos sean capaces de conectar ambas situaciones. Por ello la función que cumplen las fantasías sexuales es justamente activar la imaginación y entregar elementos para que ella juegue y estimule el deseo y el placer. La capacidad imaginativa por lo tanto se puede educar, un buen ejercicio para activar fantasías es la lectura de literatura erótica, ver algunas películas no necesariamente de carácter pornográfico que entreguen imágenes de las cuales apropiarse mutuamente, imaginando que son los protagonistas de ellas y señalando lo que más les gustó de las secuencias. Por ejemplo decir que “me encanta imaginar cuando tus manos se acercan a mí de esa forma”. Lo atractivo de las fantasías es también la posibilidad de traspasar todas las barreras y entrar a un lugar donde todo está permitido, todo.
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