En buen argentino, la mujer del escritor Marcos Herrera siempre le "está haciendo el aguante". Su mujer debe hacer ingentes esfuerzos por soportarlo, sobre todo cuando lo sorprende jugando frente al espejo del baño a hacer morisquetas, a ser otra vez el chico malo de esa tarde de colegio en la que expresó en un acto sobre San Martín –aún sobrevivía la dictadura-, la conveniencia cívica de alternar al prócer con un acto del Che Guevara.  Marcos Herrera | "Piedad, paciencia, nervios de hierro", confiesa Herrera, son los ingredientes que debe tener una mujer que se liga a un escritor. "Mi experiencia personal y la de algunos escritores amigos es que siempre hay problemas para llevar adelante la propia vida. Es muy difícil vivir y escribir a la vez. Como dice mi amigo, el escritor Mauro Peverelli en su última novela –aún inédita-, no se puede escribir y vivir al mismo tiempo, de lo que se podría deducir que para poder escribir habría que morirse primero. Sí, mi mujer muchas veces me soporta", aclara el argentino, autor de Cacerías (cuentos) y Ropa de Fuego, su última novela, ya de venta en Chile bajo el sello Lengua de Trapo. Ropa de Fuego, título de la novela ganadora del II Premio de Novela del Fondo Nacional de las Artes (Argentina), a juicio de Ricardo Piglia, "uno de los mejores libros de autores argentinos que he leído en los últimos tiempos", comienza con una cita del Indio Solari, en la cual queda establecido -una definición operacional de la lectura- que no hay que olvidar que Ropa de Fuego son aquellos personas que siempre se están metiendo en problemas. Temerarios seres que quieren añadir una cuota de dramatismo a sus vidas. Bastante de ese dramatismo hay también en Herrera y por ende en su prosa. No es casual que en su fotografía de la solapa de Ropa de Fuego, aparezca él con un rictus casi punkie. Él, sin embargo, con absoluta humildad afirma no ser un rebelde, "eso no lo puedo decir yo. Sin embargo, si te digo que los escritores que más admiro son Burroughs, Onetti, Jim Thompson y hasta Jim Morrison, podríamos llegar a la conclusión de que sí puede ser". -En una entrevista de La Capital On Line, hablas de tu interés por los Ropa de Fuego. Dicha búsqueda, ¿parte de tu propio aburrimiento con la realidad, tal y como nos es dada? -No, esos seres son parte de la realidad tal y como nos es dada. La realidad es muy rica. Puede sorprendernos más que cualquier libro. Lo que pasa es que es más caótica y sucia. Muchas veces lo previsible y lo rutinario opaca las verdades que viven detrás. Toda la maravilla, toda la crueldad, toda la traición y la cobardía, todo el heroísmo y la ridiculez están en la realidad, al alcance de la mano. La tensión constante que se respira en el texto de Herrera, tiene que ver con los desencuentros. Una de las frases de Ropa de Fuego dan muestra de esa distancia sideral: "Voy a pedirle perdón, voy a jurarle que voy a cambiar; no más aventuras sexuales, basta de esas estrategias del ego para conquistar otras psiques y así multiplicarse, vivir en otros". Lo piensa Ara, la compañera de Picard, protagonista de la novela. -Las mujeres de Ropa de Fuego ya se sacaron la aventura del cuerpo, son maduras, centradas casi en el futuro, en un proyecto común. ¿Concibes un desencuentro eterno entre los géneros al momento de escribir? -Concibo un desencuentro eterno entre los seres humanos. La vida, la mayoría de las veces, es un espectacular mal entendido. Espectacular o patético. Es paradójico lo cerca que está la tragedia de la sátira. Muchas veces me pasa que leyendo a Faulkner me empiezo a reír a carcajadas. Es que es tan trágico lo que les pasa a sus pobres personajes, es tal la acumulación de desdichas que a veces me río explosivamente. Los temas recurrentes en la literatura de Herrera son el hampa, los amores que se salen de la norma, los marginales, los perdedores, los pícaros. No hago diferencia entre mujeres y varones. A todos mis personajes, por igual, los hago pasear por un polígono de tiro. Ese polígono de tiro es el relato o la novela. Nunca sé cómo van a salir cuando empiezo a escribir. -El escritor Ricardo Piglia alabó tu pluma e incluyó uno de los relatos de "Cacerías", tu anterior libro, en una antología del genero policial. ¿Cuál es tu acercamiento a la literatura argentina, por qué nombres te abanderizas más? -Hay muchos escritores argentinos que me gustan: Miguel Briante, Juan Gelman, Osvaldo Lamborghini, Roberto Arlt, Juan Martini, Juan José Saer, Ricardo Piglia, Juan L. Ortiz, Indio Solari, etc. De mi generación: Luis Sagasti, Germán Maggiori, Jorge Consiglio, Adrián Figueroa, Mauro Peverelli, Juan Desiderio, etc. -Finalmente, me gustaría saber si durante la universidad fuiste un Ropa de Fuego. Háblanos de tus deseos cotidianos frustrados: patear al cajero del supermercado, al que llena de bencina el automóvil; a tu cuñado, a tu suegro; a quién sea. -La universidad no la hice. La empecé, me aburrí enseguida, y la dejé para vivir y escribir. En cuanto a mis deseos cotidianos frustrados, podría decirte que teniendo que ganarme el pan y con tres hijos (una niña de 8 años, un niño de 5 y otro de 1 y medio), uno desarrolla cierta astucia para llegar a los oasis de paz y felicidad con la menor cantidad posible de rasguños. Por ejemplo, ahora, mientras contesto estas preguntas, es de noche, las doce, y yo estoy tomando champagne.
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