Por Claudia Montecinos No fue fácil entrar a la oficina del alcalde de Santiago. Al parecer nos sucedía lo mismo que a él con el Presidente Lagos: varias peticiones de audiencia, pero... Se veía un poco cansado. En la mañana había jugado el mediático partido de dobles de paletas en su polémica playa, donde hizo dupla con Marcelo Trivelli. El match fue su oportunidad para mostrar su tesis de hacer equipo con los mejores, sin fijarse en colores políticos. Mal no le fue: la pareja se quedó con la victoria frente al team Mauricio Israel-Pablo Zalaquett. Y aunque demostró que no le cuesta pisar la arena del Parque de los Reyes, para entrar a la política se resiste un poco. Por estos días, sostiene, sólo quiere ser alcalde. Nada nuevo bajo el sol. -Pablo Longueira dijo que este año no pasaría nada en Chile. ¿Usted que opina? -Creo que Pablo Longueira se refería a que probablemente el 2002 no era un año que le iba a cambiar la vida a los más pobres, porque la economía estaba estancada..., pero obviamente no fue un año en que no pasó nada. Pasaron cosas y creo que algunas de ellas buenas, como por ejemplo los tratados de libre comercio con Europa y Estados Unidos, y otras que no son tan buenas. Como que lo que decía el Presidente Lagos, de que las instituciones funcionan, de repente no es que dejaron de funcionar pero si se vieron afectadas seriamente. -¿Cómo así? -Me refiero a lo que pasó con la Iglesia o con el caso coimas, que evidentemente afectó la credibilidad de la gente con sus autoridades de todo tipo: moral, político, etcétera. Uno no puede decir que fue un año en que no pasó nada. Pasaron cosas, buenas y malas. -La derecha hizo un análisis más bien negativo sobre el desempeño del gobierno durante el 2002. La UDI señaló que los problemas reales de la gente se mantienen porque el gobierno no es capaz de solucionarlos y promete soluciones virtuales. Un poco duro ¿no? -No soy una persona de críticas duras y sé que las cosas no son en blanco o negro. Cuando uno está en cargos de autoridad se da cuenta de eso. Ahora, para qué estamos con cosas: el 2002 no fue un buen año, especialmente por lo económico. Y no tanto por el año en sí, sino porque el período de vacas flacas ha sido muy largo. La gente viene arrastrando desde el ’99 una situación súper apretada. Cuando tienes 600 mil personas que siguen cesantes, eso se nota. El 2002 fue un mal año pero encuentro que termina con un aire de optimismo. -Al hacer un balance del año, la UDI también dijo que la Concertación se terminó. ¿Cree usted eso? No me refiero a la alternancia en el poder sino a la coalición como tal. -(Con algunas risas) No estoy en condiciones de desmentir o afirmar eso. Mira, eso se lo leí yo a Adolfo Zaldívar... -Bueno, pero también lo dijo la UDI... -Francamente no lo creo. La Concertación como alianza política va a seguir, básicamente porque el sistema electoral que hay en Chile, y además el mundo, avanza en el sentido de dos grandes coaliciones. Puede que ya no tenga los mismos afectos o idealismos de antes, porque muchas de sus metas ya las cumplió exitosamente, como era el Chile post Pinochet. La Concertación va a seguir y no veo un ordenamiento político distinto en el corto plazo. -¿Qué le recomendaria al Presidente Lagos en lo que resta de su período? -Hacer un cambio de gabinete luego, porque eso le daría un nuevo impulso al gobierno. Han pasado tantas cosas y se ha hablado tanto ya de esto que el equipo necesita refuerzos. Y de ahí en adelante, tomar las decisiones pensando en hacer un gran gobierno y no en dejar contento a los partidos. Sólo alcalde... -Se sabe de sus iniciativas urbanas, planes de empleo, la playa... ¿Qué cree que le faltó a su gestión este año, en esta maratón del 2002? -Lo que me falta, y en estos dos años tengo que tratar de hacerlo, pero es un problema de prioridades, son grandes obras urbanas con miras a dejar a Santiago tiqui taca. Santiago tiene que quedar impeque para el Bicentenario. Por ejemplo, arreglar todo el centro. Está bien Ahumada, Huérfanos y Estado, pero sales a Agustinas, San Antonio y es otro mundo: las veredas llenas de hoyos, no tienen suficiente iluminación, las calles están malas. Toda la plata que hemos tenido hasta ahora, esencialmente la hemos invertido en lo social: los consultorios de barrio, arreglarle los dientes a las personas, ponerles anteojos, hacer planes de empleo de emergencia. La misma playa tiene un sentido social en el fondo. Es decirle a las personas ‘oiga, si ustedes no tienen plata para salir de vacaciones, no importa: yo les busco una opción’. Me daba cuenta que en las piletas y los toboganes la gente hace cola. Sé que la playa ha sido criticada, pero es un lugar para que la gente que no tiene otras posibilidades lo pase bien”. -A propósito de críticas ¿Qué siente cuando se le tilda de populista o cosista? -Eso de cosista, como que ya no lo siento como una crítica. Ya es como un piropo... La gente espera de sus autoridades que haga cosas. Lo que sí, hay críticas de que ‘esto lo hace por populismo’... Siempre va a haber críticas y estoy acostumbrado ya un poquito a eso. El 25 de diciembre había 8.000 personas en la playa y cuando uno ve a esas personas felices, parece que en realidad esta cuestión vale la pena. La mayoría de las críticas son de los amigos míos del barrio alto… -¿Cómo? -Me dicen ‘pero cóomo una playa...’. Porque no se la imaginan y la encuentran como... rasca... O sea, dicen que cómo va a ser esta playa, qué es lo que es, el Mapocho... Entonces yo les digo que vayan a verla. Y la verdad es que cuando la gente la ve, se da cuenta de que es bonita, que está limpia, que es segura y que vale la pena. Mucho a veces es un prejuicio. -Y esos mismos amigos suyos a lo mejor le dicen también ‘Joaquín, te van a decir que eres populista’ -Por su puesto, porque esas personas muchas veces se quedan en las grandes elucubraciones y no tienen la sensibilidad para darse cuenta de las oportunidades que hay de servir a la gente y lo que ésta realmente necesita. Mi óptica es distinta. Trizadura de Imágenes -La clase política entera se ha visto afectada por los casos de corrupción, por las denuncias. ¿Cómo se limpia la imagen de ésta, de la cual usted también es parte? -El caso coimas afecta a todos los que ejercemos cargos de autoridad y a la clase política. Podría pasar en cualquier gobierno, porque más bien es una cosa de las personas. Probablemente afecte más al gobierno porque está en el gobierno, digamoslo así, pero no es algo que uno pueda decir esto pasa en tal partido político y no va a pasar jamás en otro. Está en la naturaleza humana y en los valores de las personas. ¿Cómo se soluciona y enfrenta esto? Con mucha transparencia y eso en Chile está pasando. Faltan los desenlaces finales. Este ha sido un año en que las cosas no se tapan, las cosas han aparecido. Y eso vale, porque es el primer paso para que no se vuelvan a repetir. Es importante que todas las personas que trabajamos en el sector público, sepamos que todos nuestros actos siempre se van a saber. Ese es el gran antídoto contra la corrupción. - Si aparecieran irregularidades en su sector, como de hecho ocurrió con un diputado de la UDI, ¿Cómo reaccionaría como líder de la Alianza? -La actitud tiene que ser la misma que ha tenido el Presidente: transparencia y caiga quien caiga. -¿Cree que la posición de la Alianza por Chile en el tema ha sido la adecuada? En algún momento se dijo que la derecha estaba tomando palco... -Creo que ha sido buena, en el sentido de que cuando surgen estos temas, no hay que politizar. Si quieres que esto realmente tenga fuerza, se limpie y saquemos lecciones para el futuro, no hay que politizarlas sino que dejar el hecho en sí. La actitud de la Alianza ha sido correcta y lo otro que tiene que hacer es que, cuando surjan leyes, a consecuencia de esto, hay que apoyarlas. Esa es la actitud constructiva. -Pero eso también es ser un poco ascéptico, de que ‘no nos salpique’ y quizás contradictorio con el rol fiscalizador que se arroga la oposición... -No, pero creo que el rol fiscalizador se ha ejercido y lo ha hecho mucho la prensa. Lo correcto de la actitud de la Alianza ha sido no exacerbar la pelea política chica. -Pero en la Alianza hay quienes dicen que eso ha sido porque cuando la Concertación ve a un enemigo claro y definido, se cohesiona y va contra ese referente. -Parte de eso hay también, probablemente. Alguien puede decir para qué vamos a armar una pelea con todo lo que ya está pasando. -Y que peleen solos... -Claro... Pero creo que la razón por la cual se ha actuado así es la que dije. -Hace un par de días usted declaró que el Presidente Lagos no lo quería reconocer como interlocutor válido. ¿En qué se basa para pensar esto? ¿En que no le ha dado un par de audiencias como alcalde de Santiago? -No, eso lo dije ante una pregunta que me hicieron, pero en el fondo el único hecho objetivo es que le he pedido audiencia al Presidente varias veces y no me la ha dado. -¿Y eso implica no ser interlocutor válido? -Puede ser que no me la haya dado porque no tiene tiempo, porque tiene otros temas más importantes y eso no me cabe duda de que es así, porque los temas que quería hablarle era sobre el municipio de Santiago. O puede que haya razones políticas. No sé cuáles son las razones... -O sea, entonces se sigue sintiendo igual... -No, no, no... Lo que quise decir en el fondo es que alguien puede pensar ‘oye, si le damos una entrevista a Joaquín Lavín, lo estamos inflando, entonces para qué se la vamos a dar’. A eso me estoy refiriendo, nada más... -¿No cree que si no hay consenso en las reformas constitucionales, los debates parlamentarios igual terminan afectando a la gente? -No es para nada un tema prioritario hoy, pero lógicamente que es bueno que Chile tenga una Constitución de consenso. Las cosas van para allá. Si ves cómo se ha desarrollado la discusión, antes no había acuerdo en casi nada y hoy hay casi en todo. Ha habido avances grandes y lo seguirá habiendo. -Pero el empate parlamentario a raíz del sistema binominal, afecta a la gente cuando hay proyectos que... -(interrumpe) Creo que afecta muy poco a la gente porque en general los proyectos buenos concitan amplias mayorías. Y así va a pasar con el Plan Auge si es bueno y ha pasado con la Ley de Pesca y otros. Cuando se habla del empate, en realidad no es tal, porque si uno saca la lista de los proyectos y ve las votaciones, no existen esos empates. Los buenos proyectos tienen grandes mayorías. Y el sistema le da estabilidad al país por las dos grandes coaliciones. Más similitudes -¿Por qué cree que la Alianza no ha retomado un trabajo formal y más cohesionado desde su descongelamiento? -Desde septiembre hasta ahora ha habido harto avance. Una alianza que no se juntaba pasó a funcionar de nuevo y creo que se han afianzado mucho los lazos humanos y personales. Eso es clave. RN y la UDI tienen pensamientos y posiciones bastante parecidos. Muchas veces, las diferencias se han producido por razones personales, humanas. Para mí es muy importante estrechar los lazos, o sea, hacerse amigos. -Perdón, pero ¿usted imagina que Pablo Longueira y Sebastián Piñera pueden ser amigos si a simple vista ellos no tienen afinidad? -Bueno, no estoy pidiendo que sean íntimos amigos (entre risas), pero que haya una amistad cívica normal. Eso se ha logrado en el último tiempo y ha habido un montón de contactos y reuniones. No sólo ellos dos, sino que de los secretarios generales (de la UDI y RN), míos con los senadores y diputados. A lo mejor los temas en que se pensó trabajar en septiembre dejaron de ser lo más importante en el corto plazo y otros pasaron a ser importantes. Obviamente la Alianza por Chile está en mucho mejor pie de cómo partió el año. -RN y la UDI todavía no logran congeniar una plantilla electoral. Se juntaron un par de veces pero se diluyeron las conversaciones. ¿Tendrá que intervenir nuevamente usted, como líder de la Alianza, a mediar entre la UDI y RN para generar un acuerdo municipal para el 2004? -No creo. Es que falta demasiado todavía para la elección. -Un año... -No, son prácticamente dos. Es en octubre de 2004, entonces es bien difícil que una negociación llegue al extremo de designar candidatos en comunas todavía. Creo que eso va a pasar en varios meses más. -Es que quizás la aspiración era repartir las comunas que les correspondían a cada partido, más que designar candidatos... -Es que no sé. No estoy metido en esa negociación pero sé que ha habido avances. -Como presidenciable del sector, ¿Cuál será su rol en esa campaña que se viene? Considerando que ahora no tiene que elegir apoyos porque el sistema obliga a llevar a un candidato... -Es que falta demasiado. Tengo que tratar de hacerlo bien como alcalde de Santiago y todavía no he pensado nada. Pienso en los meses que me quedan aquí y cómo sacarles el jugo. -Es que en ese sentido, alcalde, usted en general piensa a largo plazo, pero ¿Por qué en los temas políticos no? -Es que cuál es mi tarea: tratar de ser buen alalde de Santiago. Cómo voy a estar dedicado ahora ya a pensar cuál va a ser mi rol en la elección municipal de 2004... Dejemos a cada día su propio afán, si eso es lo sano. -Se da por hecho que usted es el candidato presidencial de la derecha. ¿Es esta alcaldía una plataforma para actuar con la gente, ver los problemas y estar permanentemente en campaña? -(Pensativo) A ver, para la elección de 2005 faltan tres años, en que mirados políticamente es una etenidad, entonces hacer cálculos hoy pensando en eso, no corresponde. Hay que ir pasando las vallas una por una y hacer las tareas una por una. Lógicamente que ser alcalde de Santiago es una gran oportunidad, porque es una comuna que es como el corazón de Chile. Al mismo tiempo, es un gigantesco desafío porque es una comuna que enfrenta a escala los mismos problemas de Chile y tengo que tratar de buscar soluciones a mi nivel. Pero enfrentemos las cosas de a una. Me quedan dos años como alcalde de Santiago. Después vemos qué pasa más adelante. -¿Cómo evitar que un liderazgo como el suyo, que tiene alta intención de voto, se desgaste camino a La Moneda? -No preocupándose tanto de eso. Si te pasas películas sobre el futuro empiezas a cuidarte, a no tomar decisiones... No sé, a lo mejor no habría vendido los derechos de gratuidad del agua porque obviamente sabía que eso iba a generar una gran polémica. Si te empiezas a pasar películas sobre el futuro, empiezas a actuar de manera distinta y no es lo que corresponde como alcalde de Santiago. -¿Quién le gustaría que se quedara en esta oficina cuando no esté? -(largo silencio pensado) Quien me gustaría... No sé... -No le pido nombres y apellidos, pero más o menos el perfil... Primero, dígame si RN o UDI... -Diría que puede ser de RN o de la UDI. Alguien que tenga experiencia de alcalde o de concejal. O sea, que haya estado metido en municipalidades. Eso es importante. -¿Y no ha pensado nombres y apellidos? -Sí lo he pensado pero para qué lo voy a decir todavía (entre risas).
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