La búsqueda del éxito no debe ser traspasada al sexo. La presión por alcanzar un orgasmo como símbolo de un buen resultado produce, incluso, el efecto contrario. A pesar de que hay que buscarlo –especialmente las mujeres antes resignadas a su ausencia- la actividad sexual no tiene porqué terminar en él: no constituye la única finalidad de un encuentro y tampoco da cuenta del placer previo. Olvidarse de las exigencias es una de las claves para que todos disfruten las etapas de una relación sexual. Gozar cada parte del placer que una pareja se proporciona mutuamente es, después de todo, la finalidad de un acercamiento sexual. Algo así como placer antes, durante y después. El orgasmo no da cuenta de lo placentera de una actividad previa que pudo ser increíblemente rica y prolongada. Por eso se puede “pasar increíble” sin tener orgasmos. Pero este tema el hombre lo tiene menos menos asumido que las mujeres, en parte, por la influencia cultural que reciben, o si no basta con recordar conversaciones del tipo: “¿hasta cuántos llegaste (orgasmos)? o “llegué hasta cinco (orgasmos) en una noche”. El placer se busca y se alcanza en todas las fases y en todo el cuerpo, sobre todo en la cabeza. Hay placeres olfativos, gustativos, táctiles y visuales que hay que disfrutar, lleven o no a un orgasmo. Además, cada miembro de la pareja es responsable de su nivel de activación sexual, no depende de la magia del otro. Por lo tanto, el placer que busquen y dónde lo busquen es personal. Para ello hay que conocer el propio cuerpo y utilizar todas las gamas de estímulos que sirvan para despertar el erotismo. La premisa de alcanzar siempre orgasmos, uno, dos o el máximo posible, puede influir negativamente en su búsqueda, presionando la estimulación y el deseo hacia un objetivo único. Esta actitud distrae la atención del placer que se genera en todo el cuerpo y en la mente a través de la estimulación de las zonas erógenas, del afecto o las fantasías y que, después de todo, son las que desencadenan el orgasmo, pero como consecuencia final posible y no única. Esto no quiere decir que no se desee el orgasmo y menos aún que los hombres y sobre todo las mujeres deban resignarse a no sentirlos durante una relación sexual. Todos, los hombres y mujeres, tienen el derecho de alcanzar el mayor placer posible y, para lograrlo, buscar la forma que se acomode a la sensibilidad erótica de su cuerpos. Sin embargo, concentrar en el orgasmo todas las expectativas de placer y satisfacción sexual, no sólo dificulta llegar a él, sino que no hace justicia con lo excitante del proceso. El preámbulo erótico en todas sus fases es un fin en sí mismo y no sólo un instrumento para llegar al orgasmo. Disfrute la seducción, la estimulación y la culminación de una relación sexual.
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