Calza 42, usa una polera y pantalones negros de algodón. Diego Paszkowski está a segundos de entrar a un restaurante alemán en el barrio de Olivos, en la zona norte de Buenos Aires. Lo invitaron a comer y él, gustoso, accedió a la atención. Ya adentro, ha pedido gulash con spetzels de menú.  Diego Paszkowski | No tiene idea que minutos después terminará el plato con total dificultad, no pudiendo dejar de pensar que muchos de los amables ancianos de las otras mesas podrían ser refugiados nazis. “Es muy difícil ser judío, como sucede en mi caso, sin sentirse de alguna forma perseguido”, se dirá mientras el tenedor inunda su boca. La doble vida de los ancianos alemanes podría ser perfectamente lo que le ocurre a uno de sus personajes ilustres, Paul Besacon, el asesino protagonista de su primera novela, "Tesis sobre un Homicidio'' (ganadora del Premio de Novela 1998 del diario La Nación de Buenos Aires). Sigue observando a los ancianos y se los imagina jóvenes, con el uniforme de las SS, y una arcada sube por su garganta. El juego de las dobles vidas, de la realidad paralela, del travestismo más clandestino, es uno de los temas importantes dentro de la narrativa de Paszkowski. La figura vuelve a aparecer también en El Otro Gómez, su última novela publicada por Editorial Sudamericana, y que ya se encuentra en las librerías de Chile. - ¿Cuánto desconfías, Paszkowski? Desenmascárate. ¿Has seguido tipos por el tren subterráneo, pensando que son ex torturadores, informantes, pedófilos? - No recuerdo haber seguido a tipos en el subterráneo (me gustan las mujeres), pero sí creo que el trabajo de campo favorece mis novelas: para "Tesis sobre un homicidio" viajé a París, ya que mi personaje procedía de allí y en su obsesión contaba los pasos y los escalones por los que transitaba, de modo que viajé sólo para contar cuántos pasos demandaba cruzar los puentes sobre el Sena, o los escalones de algunos edificios públicos. Y para "El otro Gómez" visité varias ciudades de Bolivia, ya que se trataba de una historia de narcotraficantes y decidí hacer el recorrido que haría William Puente, mi personaje, y así dar un mayor realismo en la ambientación de la historia. Como las vidas paralelas cobran tanto significado en la obra de Paszkowski, él no podía estar exento a esa dicotomía. - Al ver tu currículum, resaltan de inmediato dos facetas. La de académico, Buenos días profesor Paszkowski, y la de escritor, El Otro Paszkowski. ¿Hay algo del juego de los dobles en tu vida y en la de cada uno de nosotros? ¿Cuál fue el punto de partida de El Otro Gómez? - Comienzo por responder la segunda parte de tu pregunta: el otro Gómez nació, desde el estilo, como una reacción a la complejidad formal en "Tesis sobre un homicidio". Si en "Tesis..." tenía un personaje obsesivo y eso se veía reflejado en una narración en tercera persona con pensamientos encadenados en capítulos sin puntos, con, por ejemplo, frases de quince páginas, en "El otro Gómez" trabajé con una escritura simple. Es cierto que con alguna intención de complejidad dentro de esa simpleza, pero simple al fin: todos los párrafos tienen, por ejemplo, una extensión similar, narra un sólo personaje, en tiempo pasado y primera persona, y no hay un exceso de recursos literarios, lo que hace que la lectura sea dinámica. En cuanto al tema, la idea del doble es, como se sabe, muy trabajada en la gran literatura: Dostoievsky, Wilde, Borges, Cortázar, etc., y me parece un buen desafío intentar hacer algo original con un tema que fue tan trabajado y por nombres de semejante peso. De que hay algo de juego de dobles en la vida de cada uno no me cabe duda. Uno es quien es y, con un poco de imaginación, también quien podría haber sido. Yo me siento mucho más cómodo en la faceta de profesor que en la de escritor. Si escribo es sólo porque algunos temas y algunos tonos me obsesionan al punto de tener que desprenderme de ellos. Escribo por eso, y también para mostrar a mis alumnos quién corrige sus textos, qué puedo hacer yo con la escritura. Pero la tarea de escribir no me resulta tan grata como la de enseñar, para la que creo tener muchas más condiciones, una natural habilidad para detectar los fallos en el texto ajeno, que es agradecida por mis alumnos al ver cómo su prosa mejora, en las clases, semana a semana. No por nada Diego Paszkowski tiene sólo dos novelas publicadas y, en cambio, dilatada experiencia en talleres literarios, con varios alumnos que ya han ganado premios importantes (Pablo Toledo es Premio del diario Clarín por "Se esconde tras los ojos"; Samanta Schweblin es premio del Fondo Nacional de las Artes por "El núcleo del disturbio"; Maximiliano Matayoshi es reciente premio UNAM- Alfaguara por "Gaijin -un extranjero") y otros que publicaron o publicarán en una colección que dirige en Sudamericana (Adrián Haidukowski, "Met, el muerto"; Alejandro Parisi, "Delivery"; Julia Coria, "Permiso para quererte"; Alexis Winer, "Los fragmentos del pasado"). - Dirigir un taller de literatura, ¿no es una manera de sacar afuera el otro de tus alumnos, la cara B? - Sí, de alguna forma. -Al leer el libro de visitas de tu página, resaltan muchos mensajes de tus alumnos. Sólo halagos. Hablan de ti como una buena persona, de un profesor comprometido. ¿Estimulas esa adulación o los invitas a fisgonear, a desconfiar del escritor? Dicen que todo escritor miente. Un libro de entrevistas con Abelardo Castillo, "El arte de mentir'' (de María Fasce), maneja durante toda la narración esa hipermetáfora. - Ni una cosa ni la otra. Ni adular ni fisgonear. Que hagan lo que quieran. Mi trabajo es que escriban lo que quieran escribir, y que lo hagan de la mejor forma posible. Y, siendo que trabajo sólo con jóvenes de quince a menos de treinta años, intento formar no sólo buenos escritores sino también buenas personas. Y en muchos casos creo haberlo logrado. No obstante, todo lo que dice Abelardo Castillo me resulta siempre interesante... - Vamos a tus influencias. Te comparan con Juan José Saer. Sin embargo, me gustaría que tú fueras quien contara tus referentes. - La búsqueda de un estilo propio, de una forma personal de mirar el mundo y de comprenderlo, es lo que, según creo, importa en la literatura. Los grandes escritores no lo son sólo por cómo escriben, sino por su mirada sobre las cosas. Para llegar a esa síntesis personal, que se vea reflejada en la escritura, los caminos y las influencias son muchas. Uno es quien es por lo que le pasa en la vida, por su forma de maduración y de crecimiento, y también por sus lecturas: no sólo Saer (sus novelas) sino también Abelardo Castillo (sus cuentos) me han influenciado, y también, desde luego, Borges, Bioy Casares, Arlt, los clásicos como Dostoievsky, Sthendal, Papini, Melville, Maupassant, y en especial Isaac Bashevis-Singer; más escritores modernos, como Justo Navarro o Daniel Pennac, entre muchísimos otros. - Para finalizar, cuéntanos de tu afán actual. - El 2002 estuve ocupado en la edición de una nueva antología de cuentos y ejercicios de estilo de mis alumnos, "Nuevas Narrativas", que editó "Clásica y Moderna", con el auspicio de Sudamericana, y presentamos en el MALBA (el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) junto a Vicente Battista, Gloria Rodrigué, Natu Poblet y Pablo Toledo. En 2003 escribiré, espero, una nueva novela, y puedo adelantarte que, a diferencia de las anteriores, ésta no será un policial, sino una historia de amor, y que mi estilo será distinto al de las otras, que a su vez son distintas entre sí. También estoy trabajando en el guión de "El otro Gómez", que será llevada al cine; seguiré con mis clases en el Centro Cultural Ricardo Rojas, y espero las traducciones de "Tesis sobre un homicidio" al portugués y al italiano, según lo que promete mi agente, Ray Güde Mertin... Pero mi verdadero afán actual es ver crecer feliz a mi hijo Iván, de catorce meses, y que con Daniela, mi esposa, sigamos llevando, los tres, la hermosa vida que llevamos. Eso es todo. Gracias por preguntar. Vea también: Los perros de Hurlingham odian a la Schweblin
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