Que cada orgasmo sea especial, único e irrepetible se explica, en parte, porque la forma en que se resuelve la actividad sexual es una incógnita, distinta en cada ocasión y no hay manera de conocerla previamente ni mucho menos de determinarla, aunque ocupemos exactamente la misma mecánica para estimular. Quizá allí radique el inagotable caudal de recursos amatorios y de posibilidades de placer que transforman a esta actividad en la más vieja y excitante del mundo. ¿o no? El orgasmo, además de ser una respuesta fisiológica, es una sensación subjetiva y como tal se conecta con las vivencias e imágenes de quien lo experimenta y eso modifica la sensación que provoca la estimulación orgánica. Fisiológicamente hablando el orgasmo de una mujer se potencia mejor con penetraciones más superficiales que profundas, donde se provoque más roce del pene sobre la vagina en el primer tercio de ella por cuanto allí está la mayor concentración de terminales sensitivas. A modo de ilustración, es por esa razón que una mujer que se coloca un tampón no lo siente (éste se ocupa para absorber el flujo menstrual, depositado en los dos tercios más profundos de la vagina y puede ser utilizado durante el día o la noche). De allí que la idea de que mientras más profundo se penetre se obtiene mejores orgasmos es falsa y, como consecuencia, la gratificación que sienten los hombres por tener su miembro más grande es equivocada, al menos si el ego se relaciona con el placer que proporcionan a su pareja. Las penetraciones bien hechas, leves, con un ritmo cortito, suelen ser más ventajosas porque provocan más roces, más fricción y por lo tanto estimulan más las terminales nerviosas. Con razón los orientales hablan de muchos tipos de penetración, la mayoría basados en hacer varias penetraciones leves y luego una profunda, y así sucesivamente hasta llegar al orgasmo. Si es fácil o difícil llegar al orgasmo depende de la estimulación adecuada. La respuesta orgánica requiere de una mecánica particular y de una buena estimulación que puede se manual, bucal, con penetración, sin ella y así sucesivamente. Necesita además, desarrollarse en un ambiente de relajo, pero por sobre todo de relajo personal, porque para la mujer es muy importante no sentir la exigencia de tener un orgasmo. Cuando existe presión, la urgencia se traslada a la cabeza, y ella se desconcentra, deja de sentir y no llega al climax. Alcanzarlo requiere que la actividad sexual sea vivenciada como gratificante y sin exigencias. Pero esta necesidad no es exclusiva de la mujer, el hombre también requiere de una mecánica particular y un cierto confort para estimularse y llegar al orgasmo, despojado de ansiedad, preocupación, pensamientos inhibidores, que interfieran en su respuesta sexual. La mujer precisa de una estimulación más focalizada que el hombre, que tiene sus órganos sensitivos afuera, son de fácil roce y se activan rápidamente; en cambio, los de la mujer no, y requiere estimulación más específica. Por ejemplo en la vulva, se puede iniciar con movimientos circulares que van de adentro hacia afuera, que pueden ser hechos con los dedos, la boca, por medio de presión, o con el mismo pene antes de penetrar, y no a través de un frotamiento sistemático que al final duele. Cada mujer debe apropiarse de lo que necesita para alcanzar el orgasmo, y eso se da a través de la exploración del propio cuerpo. No hay que esperar a que el otro mágicamente lo descubra.
|