En pleno centro de Santiago, existe una vía de aproximadamente un kilómetro bajo tierra. Es la huella de un ferrocarril, pero que a diferencia de como se debería, la comenzamos a recorrer a pie y tras avanzados algunos metros el negro se apodera de tu entorno. Con linterna en mano, una antorcha para el camino o simplemente a pulso, siempre atento a un "salvavidas" (un hoyo en la muralla) por si viene el tren; un ratón que te pasa por los pies y una lluvia que más bien es una filtración de agua, te sorprenden al caminar. Más allá el tragaluz y probablemente el grupo que se reconoce por el clásico silbido. Un lugar de cemento y fierros mantiene una sociedad under. Jóvenes escolares, amigos u otros simplemente conocidos se juntan periódicamente para conversar lo cotidiano y pegarse sus fumadas; otro que mas adentro se la pololea y de repente su copete o algo más. Bueno cada uno en la suya; es un túnel, está oscuro y pasan cosas... más de lo que uno pueda ver. Fotografías captadas por Víctor Salas, reportero gráfico de La Nación
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