Se apagan los neones, cesan los aplausos, pero la función continúa en la vida de estos artistas chilenos, herederos de una tradición circense. Al registrar este reportaje, nunca pensé que sería tan fácil involucrarme con este estilo de vida, que era desconocido para mi. Pero descubrí el sacrificio que se deja detrás del escenario, entre trajes, plumas, lentejuelas, colores vivos que saturan el ambiente y ese olor a tierra de primavera. Para entregar al máximo un buen espectáculo, a cambio de las sonrisas de los pocos niños y adultos que asisten a estas pequeñas carpas que recorren los barrios populares de este largo país. Fotografías de Mariola Guerrero.
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