Yo tenía la esperanza que Vicente Battista prendía por las noches su computador –¿un Acer, un Compaq, un Dell, un clonado?- y se metía a chatear. Se lo dije: 'me asombró tu manejo internauta''. Es que además dirige un taller virtual de periodismo, por lo tanto, alguna simpatía tendría con el tema. Pero me confesó que 'jamás chateo'', tirando por el suelo mi anhelo de encontrarlo, alguna vez, conversando como uno más en internet.
'Utilizo las infinitas posibilidades que brinda internet, desde el correo electrónico hasta la búsqueda de información y datos. Creo ser uno de los primeros escritores argentinos que cambió la máquina de escribir y la página en blanco por el teclado y la pantalla: mi primera computadora fue una Commodore 128, que ni siquiera tenía disco duro. En cuanto surgió internet comprendí que estábamos ante algo diferente y, a su manera, revolucionario. Es imposible negar esa realidad. Y sí, como buen representante del gremio, al principio me negué a Windows y a todo lo que estuviera ligado a Microsoft y durante años para escribir utilicé el programa WordPerfect; pero finalmente tuve que rendir mis armas. Esto no significa que sienta simpatía por Bill Gates; simplemente, soy un colonizado más'', explicaría días después Battista, a través de un misterioso e-mail.
Así como Gutiérrez, el personaje de su última novela, 'Gutiérrez a Secas'', creí, ingenuamente, que quizás Battista utilizaba al chatear nick names como Conan El Bárbaro, Conan el Cimmeriano o Conan el Guerrero. Por eso mismo, antes de pensar en una entrevista, lo busqué en la red, un juego divertido que terminé por perder.
Tomando un ron tras otro, me di a la búsqueda, de chat en chat, de un tal Battista, escritor, de nombre Vicente, que nació en Buenos Aires en 1940 y formó parte de la movida cultural de los '60. Que fue premiado por la Casa de las Américas y el Fondo Nacional de las Artes por su primer libro de cuentos, Los Muertos; luego con su novela Sucesos Argentinos, ganaría el Premio Planeta en 1995.
A quién encontraba en la red, le explicaba que Battista había participado en la connotada publicación El Escarabajo de Oro, y junto a Mario Goloboff había fundado la revista Nuevos Aires. Pero siempre recibía negativas -'nunca he chateado con alguien así''; 'Conan es un nick muy común; yo que tú me dejo de preguntar estupideces, los escritores están en las bibliotecas''- o signos de interrogación.
Sin embargo, al otro día de la búsqueda infructuosa, a mi Outlook llegó un e-mail de Vicente Battista, contestando una entrevista que yo nunca escribí, y sólo había delineado en un bloc que guardo en mi escritorio. Eso me hizo recordar a Gutiérrez, el personaje de su última novela, un escritor fantasma que, detrás de numerosos seudónimos, escribe una infinidad de libros que le solicita Marabini, su dictatorial e insensible editor, y quien siempre está pensando en descubrir el lugar secreto donde trabajan los correctores, una cofradía de hombres que revisan los textos que entrega... '¿Y si Battista fuera uno de ellos?'', me pregunté.
Los días posteriores recibí llamados anónimos. Gente de negro que respiraba al otro lado de la línea. Sentí la presencia de una fuerza inasible espiando todos mis movimientos. El periódico comenzó a llegar a mi casa con noticias falsas, balas que nunca se habían disparado; recibí condolencias por familiares que nunca dejaron de respirar. Estaba paranoico, y la ansiedad me hizo subir de peso.
Yo sólo quería chatear con Vicente Battista y miren lo que pasó. Lo que leerán a continuación es políticamente correcto, el resultado del miedo. Una forma de seguir con vida.
- Las ligazones con la atmósfera kafkiana son ineludibles. Por ahí recordé con 'Gutiérrez...” algo del tono de misterio de 'Invitación a una decapitación'' de V. Nabokov, libro que también postula un final inesperado. ¿Cuál era tu estado de ánimo al comenzar el proyecto? - Como consecuencia de mis dos novelas anteriores, 'Siroco' y 'Sucesos Argentinos', ambas con el mismo personaje e idéntico tono narrativo, el policial negro, comenzaron a ubicarme en el rubro 'escritor de thrillers'; mote que no me desagrada, pero que sinceramente no me identifica en un cien por cien: tengo otra novela, 'El libro de todos los engaños', y cuatro volúmenes de cuentos que lejos están del crimen y el misterio.
Por consiguiente, a la hora de pensar en una nueva historia decidí que debería ser diferente a todo lo que había hecho antes. Así nació 'Gutiérrez a secas'. Una novela que está contada en tercera persona, aunque siempre por medio de Gutiérrez (nunca sale de escena) y mediante un narrador que por momentos es omnisciente, tal como sucede con los narradores de las novelas clásicas, y por momentos confiesa que no conoce la totalidad de la historia. Otra cosa que me propuse fue eliminar el pronombre 'él': cada vez que hablo de Gutiérrez lo nombro por su nombre; de esa manera conseguí cierto tono narrativo que se adapta armoniosamente con lo propuesto en el relato. Un relato que, efectivamente, es heredero de Kafka, uno de mis autores preferidos (no me canso de leerlo) y uno de los pocos escritores que han convertido su nombre en un adjetivo; proeza que encontramos en Dante y también en Borges.
- ¿Fuiste juntando rabia para dibujar a alguien como Gutiérrez? - No junté rabia para crear a Gutiérrez. Como bien sabes, todos los escritores amamos a nuestros personajes, por más infames que sean. Gutiérrez, por otra parte, no es infame. Es, según se mire, un hombre de ningún lugar, un pobre tipo de estos días que está perfectamente adaptado al sistema. Habrás visto que no hace ni la menor crítica ni el menor elogio político. A veces se me ocurre que es una suerte de robot. Fíjate que sus mínimos sentimientos los expresa en el ciberespacio y que a lo largo de la novela jamás sonríe, sólo lo hace en las líneas finales. -También cabe la posibilidad que la actual realidad de Argentina te haya dado pie para imaginar a un escritor capaz de vivir sin mayores necesidades de ligarse a lo social. Con internet basta, un CD-Rom. Gutiérrez, prácticamente no sale de su casa. -Y sí, la actual realidad argentina (casi me atrevería a decir mundial) fue el caldo de cultivo para cocinar a esta criatura.
- Hay un personaje secundario en Gutiérrez a Secas, Requejo, que saca sonrisas, ya que está siempre poniendo en jaque las opiniones de Gutiérrez. ¿Cómo surgió Requejo? Parece que fuera el docto amigo que siempre saca joyitas literarias debajo de la manga, escritores desconocidos con los cuales sorprende a sus contertulios. - Carlos Gazzera, en el comentario que hizo en 'La voz del interior', dijo que 'casi como su nombre literalmente lo indica, Requejo es una especie de Súper-yo de Gutiérrez y es el que porta la voz de un intelectual medio, de un escritor quejoso, que ve en lo gris de Gutiérrez el oscuro trasfondo de la literatura nacional'. Coincido con Gazzera y agregaría: a pesar de eso, Requejo no puede evitar tener su propio canon, como asimismo lo tiene Marabini, el editor de Gutiérrez. ¿Qué otra cosa que un canon son los retratos de los escritores que cuelgan en las paredes de su despacho?.
- La novela da algunas luces sobre la frustración de algunos escritores y de la vida heroica de ellos. ¿Fue una suerte de homenaje? - La vida del artista no siempre es fácil. Hay sí en 'Gutiérrez a secas' una suerte de homenaje a esos grandes escritores que fueron reconocidos años después de su muerte. Al contrario de Requejo, yo pienso que el tiempo y la historia terminan por reconocer a aquellos que de verdad merecen ser reconocidos.
- Otro tema que aflora con mucha fuerza es el de los escritores fantasmas (ghost writers). Ahora que Argentina está de capa caída, ¿han aumentado este tipo de servicios hacia el extranjero? ¿Cuál ha sido tu experiencia? - Sospecho que hay en la Argentina una larga lista de escritores fantasmas, pero no sé quiénes son. Por mi parte, supe en carne propia qué es ser un escritor fantasma. Yo lo fui en mis primeros años en Barcelona. Trabajaba para la Editorial Bruguera y bajo el seudónimo Tomás Baeza escribía los libros que me encargaban. 'Sectas y sociedades secretas', 'El Diablo en veinticinco mil palabras' o 'La Cábala' son algunos de los títulos que recuerdo. No era un trabajo agradable y lo dejé en cuanto conseguí otro modo de ganarme el sustento. Entonces, no imaginaba que años después esa experiencia me iba a servir para escribir 'Gutiérrez a secas'.
Yo por mi parte me despido. Quién sabe si sólo de esta entrevista, quizás de la vida. Battista es el que decide... Con él no se chatea.
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