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Dos lucas la francesa


Trato de empalmarla con el pene grueso, pero ella consigue librarse. Guardo mi espada y la rabia que me produce su rechazo para el primer conchasumadre que se cruce en mi camino. Una buena pelea siempre me devuelve el alma al cuerpo. En una esquina una hiena que no debe pasar los 18 años me mira con cara de caliente.


Por: Harry Elsucio
Fuente: PrimeraLínea

Siempre he sido un animal sexual. Un romántico calentón incorregible que no sabe hacer otra cosa que pasar por la vida observando a las mujeres para imaginárselas en pelotas, o en su defecto, con ropa transparente.

“Ese es tu problema Harry, confundes el sexo con el amor”, me dice por enésima vez Patricia. La Pati es mi última novia. Una colorina insaciable a la hora de culear y leer.

“¡Hacemos el amor, no culeamos!”, dice enfadada tratando de convencerme que hay un mar de diferencias entre lo uno y lo otro. Me encanta cuando se enfada. Se le dilatan las pupilas y se le endurecen los pezones. Así que voluntariamente sigo molestándola para que sus pezones terminen entre mis dientes.

Después de un intercambio banal de visiones metafísicas sobre el coito la Pati comienza a hacer el aseo. Friega de aquí para allá. Levanta los sofás y se le marcan las pantorrillas. Me excito. Comienzo a meneármela. Pati friega en cuatro patas y puedo sentir el diminuto calzón que se adivina debajo del buzo que cubre sus hermosos glúteos. Me empinó un botella de cerveza que sobró de mi cumpleaños y me acerco a lamerle el culo.

“Déjame, déjame”, dice moviendo sus nalgas coqueta e indiferente.
Le bajo el pantalón y los calzones con violencia. Trato de empalmarla con el pene grueso y hediondo, pero ella consigue librarse.

“Hijo de puta”, dice escapando.
Piensa que voy a hacer un escándalo, como siempre. Pero no. Guardo mi espada y mi rabia para el primer conchasumadre que se cruce en mi camino. Una pelea siempre me devuelve el alma al cuerpo. Recojo la botella de cerveza y me largo a la calle. La noche se siente bien. Una agradable brisa invade los señuelos primaverales. En una esquina una mina que no debe pasar los 18 años me mira con cara de caliente. Detengo el auto a escasos pasos de la cenicienta pastera. No es fea. Si no fuera por la droga que consume tendría una hermosura pulcra y colegial...

- “Que andai haciendo”, me pregunta.
-“Paseando”, digo todavía indiferente.
- “¿Y tú?”
-“Trabajando...”
-“Hmmm, cuál es tu tarifa”
-“Dos lucas la francesa y cuatro el contacto”.

Full contact 4 lucas, 2 lucas la chupá, medito.

-“Sube”
La pequeña hiena se trepa en el alambrique veloz y me pierdo por las calles primaverales de la población. Claudia no habla. Claudia se llama la p5t1. Masca chicle como una angustiada feroz.

- “¿Por qué haces esto?”
- “Por el vicio”, me responde.
- ¿Cuál es tú vicio?
- 'La falopa, ¿Y el tuyo?'
- “El sexo, las mujeres y las vaginas”
-“Ah...”
-“Aquí esta bien”, digo rechazando una lugar propuesto por ella.

Me acomodo en el asiento y comienza a mamar.

-“La tenís gorda”, me dice...

Me siento como un toro y recuerdo el potito de la Pati fregando la inmundicia de mis cuatro paredes...

-'¿Soy duro pa’ acabar?'
-“Me cuesta un poco”, digo quebrándome porque mis estudios de filosofía oriental y los ejercicios de yoga me han permitido mantener una supererección por algo más de hora y media.

Claudia muerde un poco mi glande y del pelo la levanto incomodo.
“Hey cuidado, trátala con cariño y suavidad”, le digo mientras hurgo entre su calzón en busca del ano.

Arrhhhg, mierda. ¿Esto es sexo o es amor? Ni cagando amor. Pero el sexo es esto: un momento en un sitio eriazo, comprando mamadas y placeres...

-“Hey para, para”, resoplo.

Claudia, torpe a pesar que me confesó que llevaba 6 meses mamando pijas y culeándose a bastardos como yo, me mira groggy-crazy.

“Hey, engáñame. Tenís que simular que te gusta. Te doy dos lucas a cambio de placer. Mi perra me puede morder la penca mejor que tú por unas galletas de pescado, pollo y cordero.

Claudia vuelve a trabajar con el pene. No tiene idea. No abre bien la boca ni recorre el tronco de mi órgano putrefacto. Tampoco juega con su lengua por mi glande, ni nada...

“Mírame, mírame”, digo.
Claudia no pesca. Ensimismada sigue con la francesa como si tuviese un hoja de diario arrugada en el paladar.
“Hey para, para. No le ganai a nadie, toma las dos lucas y chao”.

“No guei po loco. Teni que ir a dejarme donde me encontraste”, reclama metiéndose en la boca el chicle que había pegado en la guantera.

Mientras vuelvo al lugar donde la vi comienza a meneármela. Eres mejor masturbando pienso decirle, pero sus ojos mirando las lucecitas de la ciudad a lo lejos me llenan de melancolía. Prolongo la vuelta para que me pajeé. Antes de llegar a un signo pare comienzo a acabar. Ella se acerca para comerse el semen. Los últimos segundos justifican las dos lucas.

“Dame un beso”, digo. Sorprendida y con algo de semen en la boca intenta un acercamiento.
“Son dos lucas más”, me responde.
“¿Dos lucas un beso? Estai huevona', le digo.
“Gracias por los concejos”, dice mientras se baja del alambrique.

Espero un poco. Juego a que es mía. Mi chula, mi puta amada, que chupa y mama 20 penes diarios para alimentar a mis hijos. Se pierde en la negritud de la noche.

Vuelvo a casa decepcionado. Mientras llegó al viejo edificio donde habito una pareja adolescente se toca y atraca en la entrada. Un gato medio muerto maulla desesperado. Hay olor a mierda y a orina humana. Llego a mi pieza. Patricia esta recostaba con un libro de Kerouac en las manos. Me recuesto a su lado y con el dedo índice recorro sus labios. Le tomo el mentón con fuerza y le digo: bésame.

Patricia se da vuelta ofreciéndome sus cachetes. Comienzo a punteármela.
“Para, huevón. Salvaje, asqueroso. ¿Dónde andabaí? Sinvergüenza, maldito, pervertido, obsceno.

“Obsceno, obsceno”, me gusta como suena esa palabra.
Eso es lo que más te gusta de mí. Sangre, semen, piñen y sudor. A veces una saca de chucha. Muerdo sus pezones.
Mhmmm, Mhmmm. Tengo semen para regalar. Soy un toro, un toro, decapitado y caliente que embiste al mundo.



Martes 5 de Noviembre de 2002
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