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Maldita primavera: ¿Quieres volar potito rico?


Hace tiempo que la mina de la casa contigua al expendio de alcohol venía haciéndome cambios de luces. Tú sabes... Una mirada, una sonrisa que además dejaba ver el calzón ajustado metido ahí, donde los glúteos se definen como duraznos frescos, donde comienza y termina mi perdición. Sólo moviendo los labios dice: chao. “Ese huevito quiere sal”, me digo feliz.


Por: Vinicio
Fuente: PrimeraLínea

A la mujer que se llevó mis poemas

El sol primaveral caía tibio sobre mis pupilas. La botillería estaba abriendo y la sed que sentía era como una mala oferta publicitaria. Ilusa pero real. Falsa y necesaria. Un zorzal picaba la tierra en busca de lombrices, creo, y uno de los tantos curados del barrio se acercaba a la botillería con una botella de cerveza metida en su dedo medio.

Hace tiempo que la mina de la casa contigua al expendio de alcohol, venía haciéndome cambios de luces. Tu sabes... Una mirada, una sonrisa, a veces una mueca de seriedad rota por la energía de sus pechos, una que otra tontería. La cosa venía calentándose. 'Ese huevito quiere sal' me decía cuando sus ojos chocaban con los míos sedientos de algo que nunca voy a comprender.

Mientras divago ebrio, dulcemente encañado, reparo en unas voces escandalosas: 'Guena poh huevo duro'...

El borrachín que hace un rato caminaba en busca de alcohol había atrapado su dedo en la botella. “El huevo duro” no se podía sacar la botella del dedo y el encargado de la botica reía por la insólita situación. Otro curado comenzó a tirar de la botella y el curadito afectado que tira de su cuerpo en sentido contrario. Mientras todos ríen reparo en el zorzal que arranca porque un perro se pega una meada a escasos metros de su pequeño espacio. Pienso en el profe rosa meando al Guru Guru...

Y la minita que sale a barrer su terraza mirándome. Lleva puesto un buzo elasticado que deje ver el calzón ajustado metido ahí, donde los glúteos se definen como duraznos frescos que esperan besos, tibias bocanadas de aire, lenguas eléctricas y pequeños mordiscos. Yo la miro como prometiéndole el universo y me arrimo a su reja diciendo:

“Puedo tolerar cualquier cosa en una mujer, pero por ningún motivo, y en esto soy irreductible, que no sepa volar, si no saben volar pierden el tiempo conmigo”, digo robándole el speech a Oliverio, el poeta de la película el Lado Oscuro del Corazón.

La mina que no paró de barrer en ningún minuto, sonríe y me pregunta: “¿Y tu sabes volar?”.

Contento porque presiento que la mina vio la película, le gusta la poesía, el cine y amar a campo traviesa, respondo:

Por supuesto ¿Quieres volar?

No alcanza a contestar cuando su mama le dice 'ya chiquilla, que hay mucho huevón curado, éntrese, éntrese'.

Soy un curado bueno pienso decirle, pero ya es tarde. La mina entra a su casa moviendo las nalgas en un rito animal que provoca pálpitos en mi entre pierna. El pene comienza a llenárseme de sangre, lo sé. Sigo su cadencia y por un momento mi lengua le alcanza los huesitos de la cadera...

Antes de perderse en su rutina, en el almuerzo, en la búsqueda de las pantuflas paternas, en defecar, seguro, hace un giro para mirarme. Sólo moviendo los labios dice: chao.

“Ese huevito quiere sal”, me digo feliz. Siento la primavera como una gran vaca de ubres hinchadas de leche con cocaína. El zorzal vuelve en busca de lombrices, creo. El curado sigue con su dedo atrapado en la botella y esto ya amerita la presencia de una ambulancia.

Antes que lleguen los Gi a Joe, me retiro con una escudo en lata, moviendo mis labios como en película muda, queriendo decir te amo, en vez de chao.



Martes 8 de Octubre de 2002
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