Que la fotografía sea una puerta por la cual llegar a la naturaleza que engendra al hombre desde el barro del génesis, levantándose hacia el cielo, amando. Sufriendo con la sonrisa del olvido y el tiempo. Anhelando la plenitud y el eros sublime. Que ese sea el designio.
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La foto como un congelamiento de ese pasado que sigue siendo cierto, de la gravedad y él oxigeno que consumimos. Del amor que me consumió, del desamor con la yugular goteando pensamientos en plazas.
Este papel sepia que guarda mi recuerdo tuyo, no es otra cosa que un pequeño calor que condena la salida del sol haciendo más hermosos los crepúsculos, tentativas personales de derrotar a la muerte.
Tal vez te escogí por que tú eras algo así como un cielo después de lluvia. El ser más cercano a mi esencia. A mis tuétanos.
Yo que ando por geografías, muslos y senos exquisitos de mujeres caminando al borde del bar, de la carretera, o del océano. Con piernas y humedad, con ojos tan tristes, tan necesitadas como yo, muerdo labios de carne trémula y magullada.
Pero a quién engaño. No eres tú congelada en una imagen en el parque de las estatuas y los vagabundos.
Es corporeidad fijada, alma fijada, creo que te robé el alma, como dicen los sabios indígenas que poblaron estas tierras por milenios y hoy siguen luchando contra el imperio.
Esas mejillas, tu peinado, tu abrigo, globos producidos por mis zonas más frágiles, de mármol morado de pena, música de cañerías tristezas que se multiplican.
No eres tú.
¿Es acaso esta foto la puerta al insondable destino? No eres tú. Soy yo que mira como un padre dolido la belleza y los callos que tu herida provocaron. Manos lejanas tan olvidadas de todo, calentándose al borde de los caminos que bordan la tierra.
Soy yo descongelado por un recuerdo que no se extingue. Mientras contemplo la caída del sol, cerros ponientes levemente verdes, cercenados por los rayos rojizos que bañan la ciénaga de nuestros pesares.
Salvo el crepúsculo, y el estar dentro de una princesa, deteniendo el tiempo, como esta foto que ahora comienza arder en mis manos, el fuego la borra como llanto de lava, el recorrido de las lagrimas atraviesa una cama sucia llena de esperma que no te pertenece.
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